Viernes, 21 de Septiembre de 2018

La moda del reggaeton

He de confesar que no puedo ser objetiva a la hora de hablar de música. Soy más rockera que de reggaeton, parafraseando lo que me decía hoy la taxista que me ha llevado a la estación mientras sonaba en la radio no se muy bien qué canción (todas me suenan igual).

Ahora bien, al margen del dolor de tímpanos que me produce escuchar más de dos canciones de ese estilo, siempre monótono y repetitivo. Hay un fenómeno que lleva muchas veces aparejado que me preocupa mucho más que la educación musical de los más jóvenes: el mensaje machista y despreciativo de la mujer que lleva implícito, y no tan implícito.

“El mensaje machista y despreciativo de la mujer que lleva implícito, y no tan implícito”

Cantaba el archiconocido (hasta yo lo conozco) Maluma: “Estoy enamorado de 4 babies. Siempre me dan lo que quiero. Chingan cuando yo les digo. Ninguna me pone pero…” haciendo ademas apología de la violencia sobre esas “4 babies” en su videoclip. ¿En serio?

Cuesta creer que los esfuerzos que muchas generaciones de mujeres han hecho para llegar a los niveles de igualdad en los que estamos -aunque aún quede mucho por hacer- hayan desembocado en una marcha atrás tan sangrante como incomprensible.

“Haciendo ademas apología de la violencia sobre esas “4 babies” en su videoclip. ¿En serio?”

Cada vez más en los juzgados vemos un incremento incontrolado e incontrolable de casos de violencia de género, y además comprobamos aterrorizados la existencia de un gran segmento de mujeres -atención- acostumbradas y conformadas con el maltrato físico y/o psicológico ejercido por sus parejas.

Desde mi humilde opinión, estamos ante un problema de base que difícilmente puede tener solución con un parche posterior a su generación. Es un problema de educación. Así de simple y complejo a la vez.

Educación en las aulas y educación en casa, pues hasta que “desnormalicemos” comentarios como las del “amigo Maluma” y consigamos que las nuevas generaciones interioricen algo tan sustancial como el respeto al otro, sin distinción de sexos, no pondremos punto y final a esta patología social que amenaza con romper unos cimientos conseguidos con tanta lucha de años por la igualdad real.