Sabado, 16 de Diciembre de 2017

Si Cataluña se independiza después del 1 de octubre, las cuentas de resultados de la mayoría de sus empresas se desplomarían en un tiempo récord. Una cifra evidencia la dependencia entre la comunidad catalana y su comunidad vecina, Aragón: poco más del 50 % de las ventas catalanas dependen del mercado aragonés.


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De hecho, pocas empresas podrían prescindir del mercado aragonés. El tejido empresarial catalán está, mayoritariamente, nutrido de autónomos o pequeñas empresas. Éstas tienen una fuerte vinculación, directa o indirecta, de la economía aragonesa. Por ejemplo, en el caso inverso, si las empresas aragonesas cambiarán sus intenciones mercantiles hacía otra comunidad, los proveedores catalanes se hundirían. Cataluña no es nada sin Aragón, y viceversa.

AVISO DE LOS EMPRESARIOS ARAGONESES

Los empresarios aragoneses muestran su preocupación por la situación en Cataluña, y aciertan. Ningún colectivo puede sentirse ajeno a la deriva de un posible referéndum ilegal por la independencia. Los intereses aragoneses son los más expuestos a las turbulencias que genera la deriva secesionista catalana, y al revés.

Por ello, el presidente de la CEOE Aragón, Fernando Callizo, reconoce que “esto también va con nosotros por lo que no es hora de estar callados”.

Fernando Callizo, responsable de la patronal aragonesa / CEOE

Desde el empresariado aragonés también apuntan que si se produjera la independencia de Cataluña, las empresas de la comunidad vecina estarían también en una situación límite en el sector exportador por el cambio en las condiciones del mercado.

La independencia de Cataluña llevaría ligada la salida de la Unión Europea, y por tanto de la zona euro, según apunta la Comisión Europea durante estos últimos días. Y la futura entrada en la Unión Europea podría demorarse años, y siempre con el beneplácito de todos los estados miembro.

El nuevo marco económico conllevaría a una inflación desmedida, e incluso los expertos no sabrían su alcance en términos reales: despidos masivos, cierre de más de la mitad del tejido empresarial, bajada de sueldos, entre otras.

Después del mercado aragonés, Cataluña solo podría mirar a sus principales clientes en la Unión Europea, como Alemania o Francia.

LA HUÍDA DEL CAOS ECONÓMICO

Sin embargo, durante el escenario descrito en caso de una independencia de Cataluña, se produciría un éxodo histórico de las empresas catalanas hacía sus comunidades vecinas, tanto Aragón como la Comunidad Valenciana.

Las empresas pequeñas, o aquellas que tienen un alto nivel de exportación, no podrían sostener su negocio en una Cataluña independiente. Por ello, la deslocalización sería una estrategia que pondrían en práctica miles de empresas.

Una práctica que lleva años extendiéndose, si bien no hasta el grado de una posible independencia. Debido a la altísima presión fiscal y el alto nivel de inseguridad jurídica existente en Cataluña, aproximadamente, más de 8.000 empresas han cambiado su domicilio fiscal a otras comunidades desde la deriva independentista. El principal destino es Madrid, y después, Aragón.