Sabado, 22 de Septiembre de 2018

La vida no es nada fácil, todos lo sabemos. El esfuerzo es la base de cualquier logro. Y sin embargo, algunos padres ponen todo su empeño en hacer que para sus hijos sea un camino de rosas desde que nacen.

Como padres, todos queremos lo mejor para los nuestros. Que sean felices, que no sufran… Pero es un grave error evitarles los esfuerzos, los disgustos o los enfados. Y cargar nosotros con toda su responsabilidad.

Un niño autónomo, capaz de hacer las cosas por sí solo, es un niño seguro de sí mismo. Con una autoestima alta que le empuja a seguir superando nuevos retos y objetivos. Es un niño feliz.

No tenemos que ver a los niños como seres frágiles o indefensos sino como futuros adultos con un gran potencial dentro, que debemos ayudar a sacar cuanto antes.

Sobreproteger a nuestros hijos les hace un flaco favor. Hacerles todo para que no sufran o ayudarles siempre, no les favorece para nada en su desarrollo.

“¿Queremos hijos felices? Hagámosles fuertes y responsables”

Cuántas familias visten a sus hijos, les llevan las mochilas, les ayudan en los deberes, les perdonan obligaciones y se pasan el día diciendo “pobrecitos” cuando les ven quejarse o lloriquear.

“Pobrecitos”, por decirlo así, son los niños que viven en países subdesarrollados, que no tienen los recursos, ni la vida que tienen los nuestros. Y que desde que nacen saben lo que es el esfuerzo, las obligaciones, el trabajo y nunca pierden la sonrisa.

¿Queremos hijos felices? Hagámosles fuertes y responsables. Pero para ello es importante que nosotros lo seamos también.

Nadie nace aprendido. Por lo tanto enseñémosles con paciencia a que hagan las cosas solos, animémoslos a que así sea y felicitemos sus logros. Es mejor que se ponga los zapatos, el pijama u otra prenda solos, aunque sea del revés, a que no se lo ponga y siempre se deje mimar y hacer.

Por supuesto que nosotros hacemos las cosas mejor y más rápido, pero hay que darles la oportunidad de crecer. Generalmente, nosotros aprendemos mediante ensayo error. Y para ello hay que dejar a los hijos hacerlo ellos solos.

“Somos sus padres, no somos sus secretarios que tomamos apuntes o pedimos en el chat de la clase los deberes olvidados”

Desde pequeños hay que enseñarles las tareas domésticas, como hacerse la cama, recoger sus juguetes, poner la mesa y ayudarles así a coger hábitos, a sentirse parte del equipo que formamos la familia.

Somos sus padres, y precisamente porque les queremos más que a nada en este mundo no debemos equivocarnos y convertirnos en sus ayudantes de cámara. Somos sus padres, no somos sus secretarios que tomamos apuntes o pedimos en el chat de la clase los deberes olvidados.

Enseñarles a ser responsables de sus actos, lo que está bien y mal, enseñarles a ser responsables de sus cosas y pertenencias, les ayuda a madurar, a afrontar otros retos en la vida.

Recordar que estos niños y niñas van a crecer y serán los jóvenes del futuro, la sociedad del mañana. En nuestras manos como padres tenemos una gran responsabilidad.

A nadie le gusta ver a sus hijos llorar o sufrir, pero a veces sucederá. Y ahí estaremos a su lado para acompañarles y ayudarles a superarlo. A levantarse y volver a intentarlo.

Hagámosles autónomos, con ganas de hacer, con voluntad, con esfuerzo y mucha fortaleza. Y entonces serán los más felices del mundo.

*Cristina Gil es autora de ‘La profe responde‘ de Editorial Palabra, y también autora del blog Ideas para crear y disfrutar