Sabado, 22 de Septiembre de 2018

Íñigo Errejón es, sin duda, un político brillante y hasta cierto punto, heterodoxo. El auge espectacular de Podemos no se explica sin él, del mismo modo que el declive de la formación morada tampoco se explica sin su marginación.

Hace pocos días, Errejón protagonizó un interesante debate con otro político de izquierdas, igualmente brillante e igualmente derrotado internamente como es Eduardo Madina.


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El debate, acerca de los problemas que afectan a la izquierda política actual resultó intenso y dejó casi un titular basado en las constantes apelaciones al orden como valor de la izquierda.

Errejón, que a diferencia de Madina, está en campaña, construyó un discurso interesante en torno a la idea de que la izquierda debía ser capaz de poner orden en el país.

El debate entre Madina y Errejón, en el programa ‘Salvados’ de La Sexta / H.A

Una idea sugerente que, lamentablemente para el posible candidato a la Comunidad de Madrid, se desmontaba con facilidad al poner como ejemplo de ese “orden” a los autoproclamados “ayuntamientos del cambio”, verbigracia los ayuntamientos gobernados mediante coalición interpuesta por Podemos.

Y es que si preguntamos a cualquier ciudadano sobre la impresión que les merecen estos gobiernos municipales, seguramente no será “orden” lo que les evoque.

“El debate acerca de los problemas que afectan a la izquierda política actual resultó intenso”

Difícilmente lo inspirará una Ada Colau incapaz de llegar a acuerdos políticos básicos y que gobierna a golpe de moción de confianza. O una Carmena cuyo excelente talante no alcanza a tapar la jaula de grillos de un gobierno que vota a menudo contra sí mismo o que deja a los pies de los caballos a su policía municipal por un burdo bulo.

Y ¿qué decir de un ayuntamiento como el de Zaragoza donde el inefable Alberto Cubero acaba las comisiones al grito de “os jodéis” y la oposición es expulsada manu militari de las sociedades?

Mal camino pues el elegido por el “candidato Errejón” si a falta de proyectos propios tiene que recurrir a esa gigantesca decepción que son y han sido los mal llamados ayuntamientos del cambio.