Viernes, 20 de Julio de 2018

El historiador David Alegre Lorenz ha publicado el libro “La batalla de Teruel“, sobre el episodio que, por su magnitud y virulencia, compara con el “Stalingrado de la Guerra Civil española” y que explica a través de la experiencia de civiles y combatientes, testimonios orales y documentación de archivo.

Se trata, explica la editorial en un comunicado, de una “visión inédita y novedosa” sobre uno de los acontecimientos bélicos clave de la guerra en España, del que este año se cumple el 80 aniversario.

Desde un punto de vista militar “representa lo que pudo suponer la batalla de Stalingrado en el Frente Oriental durante la Segunda Guerra Mundial” explica el autor en la nota.

En ambos casos fue definitivo, no tanto por los números humanos o el armamento implicados, apunta, como por las consecuencias militares y la trascendencia político-mediática. Y es que, continúa, ambas ciudades se convirtieron en el “símbolo de la determinación de ambos contendientes por vencer a cualquier precio”, según el autor.

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David Alegre Lorenz (Teruel, 1988), es Doctor Europeo en Historia Comparada, Política y Social por la Universitat Autònoma de Barcelona y coeditor de la Revista Universitaria de Historia Militar.

El libro es una exposición cronológica de los hechos organizada en doce capítulos que van desde el estallido del golpe de Estado en julio de 1936 hasta la posguerra, a finales de los años cuarenta.

En opinión del autor, la batalla de Teruel no solo fue importante por el hecho de ser el lance militar más decisivo del conflicto, sino también porque hizo de la ciudad y de su entorno próximo uno de los centros del mundo durante varias semanas.

El hecho de que fuera la primera gran batalla de la guerra, tanto en su duración como en el número de medios y efectivos desplegados, atrajo la atención de ciudadanos, periodistas, militantes políticos, teóricos militares y altos cargos de todo el orbe.

En unos casos lo ocurrido en Teruel fue visto como una nueva atalaya desde la cual contemplar los efectos y las posibilidades del armamento moderno y la guerra total, y en otros casos se observó como un episodio decisivo de la larga pugna entre la revolución y la contrarrevolución, destaca el autor.

Así, lo que en un principio había sido proyectado por parte del mando republicano como una operación preventiva de distracción en un espacio muy localizado, “irrelevante desde el punto de vista estratégico”, acabó convirtiéndose en una larga batalla de desgaste.

A lo largo de las diez semanas comprendidas entre el 15 de diciembre de 1937 y el 22 de febrero de 1938 ambos contendientes se enfrentaron en una batalla agravada por el clima extremo, la intrincada orografía del territorio, la gran cantidad de efectivos implicados y la ingente ayuda material extranjera.

El autor considera que fue en aquellas semanas cuando el conflicto que había estallado en el verano de 1936 se acabó decantando a favor del bando sublevado.

Así pues, por mucho que concluida la batalla de Teruel aún quedarían por delante catorce meses de conflicto, el mando republicano nunca más volvió a tener la iniciativa militar de su parte, “más allá del canto de cisne de la batalla del Ebro (25 de julio-16 de noviembre de 1938)”, explica Alegre.

Y en este libro además el objetivo del autor era “hacer un homenaje” a los pueblos y a su milenaria civilización rural, que aún hoy “siguen resistiendo a duras penas los embates de la modernidad“, comenta el historiador turolense.