Sabado, 22 de Septiembre de 2018

El exalcalde de Zaragoza Juan Alberto Belloch mira en su memoria y la Exposición Internacional de 2008, de la que hoy se cumple su décimo aniversario, le sigue pareciendo “un lío” y “una locura que mereció la pena” y que le demostró “para siempre” que si se quiere hacer algo “importante”, es imprescindible “la unidad real” de administraciones, empresas, agentes sociales y ciudadanos.


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“Yo no era consciente del lío que habíamos montado en toda su dimensión: 8 millones de visitantes, 150 países… Un poco de locura, pero como alcalde era decisivo no solo por razones materiales, sino porque logró acreditar para siempre que no se puede hacer nada importante si no se parte de una unidad real“, señala Belloch en alusión al apoyo unánime que concitó este acontecimiento.

El día de la inauguración de la Expo de Zaragoza, hace 10 años / H.A

En una entrevista a la agencia Efe con motivo del décimo cumpleaños del evento que cambió Zaragoza de arriba abajo, el exalcalde de Zaragoza resalta que su principal cometido para hacer realidad la Expo fue precisamente forjar esa unidad.

Pasados diez años, cree que la gente cada vez es “más consciente” de lo que supuso la Exposición, entre otras cosas porque fue el proceso de inversión “más importante que ha tenido en toda su historia la ciudad”.


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Fueron, recuerda, 1.500 millones de euros para el Plan de Acompañamiento (infraestructuras y recuperación de cauces fluviales), 300 para el recinto más otros dos millones de inversión privada.

En lo personal, diez años después, Belloch aún no encuentra la ciudad que soñó “al cien por cien“, aunque “en un porcentaje muy elevado sí”; el paso del tiempo “no hace mas que confirmar ese diagnóstico”.

“El exalcalde Juan Alberto Belloch no encuentra la ciudad que soñó al cien por cien”

UNA ‘NUEVA’ CIUDAD

El pabellón puente de la arquitecta anglo-iraní Zaha Hadid, premio Pritzker de Arquitectura; el puente del Tercer Milenio proyectado por el ingeniero Juan José Arenas (y que recuerda que ya estaba proyectado para 1992) o la Torre del Agua son, para Belloch, “iconos” de la Expo.

Como lo son los veinte puentes y pasarelas que permitieron unir todas las cuencas (Ebro, Gállego, Huerva y Canal Imperial), por el tercer y cuarto cinturones de ronda, los circuitos peatonales y carriles bici, el Parque del Agua o la recuperación para la ciudad del río Ebro; la apertura del Instituto Aragonés de Arte Contemporáneo IAAC Pablo Serrano, la conversión del Museo Camón Aznar de Ibercaja en el Museo Goya, la modernización del Museo Diocesano y la puesta en marcha del CaixaForum.

Los puentes de la Expo de Zaragoza para ‘abrir’ la ciudad / Borokobu

Son “referentes muy serios” para el turismo interior y “una oferta imbatible”, dice Belloch, quien también elogia la labor del voluntariado durante la Expo, al que se dedicó la pasarela de Manterola y que “tuvo un papel fundamental” en la elección al llenar la plaza de Toros con motivo de la visita de los miembros de la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE).

De regreso al pasado, la Expo la recuerda “entre una mezcla de una ilusión enorme y un cansancio no menos enorme, porque llevábamos dos años trabajando”, a los que se sumaron los tres meses que duró este acontecimiento y que supusieron “un trabajo abrumador“, un “lío” en el que, asegura, “ahora no me metería”, entre otras razones, “porque hace falta tener mucha más fuerza”.

*M. Rosa Lorca