Jueves, 14 de Junio de 2018

Siempre hay olores, sabores, canciones o lugares que nos hacen partícipes de la melancolía, y nos hacen revivir un pasado en presente como si el tiempo no hubiera transcurrido.

¡Pero vaya que si han pasado los años!

Diez años se cumplen desde que nuestra ciudad, Zaragoza, viviera su Expo con el agua como temática. Se dicen pronto diez años, dos lustros o una década.

Da igual como lo quieras llamar, y parece que fue ayer, ¿verdad?


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¿Tú dónde estabas? Yo por aquel entonces había apostado de verdad por lo que hoy es mi profesión, la tauromaquia, había cursado una FP de Electricidad, no sé muy bien para que, pues la verdad que ni para arreglarme el traje de luces ha servido, y en ese momento finalizaba otra de Administrativo, donde coincidí con una gran persona, además de guapa, que se convertiría en una fenomenal amiga.

Era mi tercer año de novillero sin picadores, ese año, el años Expo, toreé varias novilladas por la zona de Toledo y Extremadura, con seriedad en mi preparación, ya que cada vez era más consciente de lo que suponía la profesión.

Trabajé varios meses como comercial en una empresa de mi pueblo, Pedrola, pero como buen emprendedor, y soñador de gloria, con una ilusión y fe en mi mismo inquebrantables decidí dejarlo y apostar por el toro.

Decidí dedicarme única y exclusivamente a ello. Miro atrás y observando el panorama, veo que la fe y el trabajo mueven montañas, porque aquello era un suicidio.

¡Me parece un auténtico milagro!


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“Nunca llegaras a ser torero”: Me decían por aquel entonces. “Es muy difícil, además tienes mucho valor pero no vales para esto”: me replicaban.

Y se equivocaron, diez años más tarde del año Expo soy torero, de ello vivo y aquí luchando sigo.

Una Expo que junto con mis primos fuimos a visitar en pleno mes de junio o julio, muy bien no recuerdo.

De lo que sí que me acuerdo es de sacarme el famoso bono de los tres días, y del calor que hacía el primer y último día que fui a visitarla.

No sabría decirte los pabellones que pisé, desde luego pocos, esas aglomeraciones, calores y filas para verlos me agobiaron. Uno de Egipto creo que vi, y unas cuantas cafeterías para tomarme unos refrescos y unos cuantos helados, de ahí ya no la volví a pisar.

Eso sí, lo que pise y piso son todas las nuevas infraestructuras en esta exposición internacional dejó en Zaragoza, dando de ella una verdadera imagen de ciudad europea, y también las famosas playas, un lugar de ocio donde se montaban unas fiestas de categoría, más de un domingo a la tarde/noche las pisábamos para disfrutar de aquel ambiente más propio de un chill out de Ibiza que de Zaragoza.

Llegaba septiembre toda vorágine del año Expo acababa en Zaragoza, un cambio de era para la ciudad.

Y yo me preparaba para dar un importante paso en mi profesión, el debut con picadores, en Sangüesa (Navarra) también por aquel septiembre, concretamente un día 17, con un poquito de aire pero mucho calor acababa el verano, mi temporada y un ciclo en mi vida que daría paso a otro importante.

Así fue mi verano Expo, ¿y el tuyo?