Viernes, 21 de Septiembre de 2018

Ennegrecido por el humo del incendio que sufrió la excolegiata Santa María de Mora de Rubielos (Teruel), el cuadro “La educación de la virgen” (1728), de Genaro Sarnelli, pasó desapercibido durante ocho décadas hasta que unos ojos expertos distinguieron la firma del autor italiano.

El lienzo, apreciado también por los valiosos pigmentos utilizados y la singular iconografía, puede verse ahora en el templo, tras un complejo proceso de restauración.


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Hay muy pocas obras atribuidas a este autor del barroco napolitano, que murió joven pero ya convertido en maestro, y una de ellas es la que los investigadores Daniel Benito Goerlich, Senén González y Raúl Francisco Sebastián descubrieron en Mora de Rubielos.

Estaba colgado en una capilla lateral del templo, y la oscuridad del entorno y del propio cuadro no permitía adivinar siquiera lo que mostraba el cuadro.

Al descolgarlo un día vieron la rúbrica del autor italiano y atisbaron que se trataba de una obra casi única.

Corría el año 2013 y Daniel Benito, catedrático de Historia del Arte valenciano cuyos orígenes familiares son de Mora, llevó el lienzo al Laboratorio de Arte de la facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia.

Allí llegó a manos de María Gómez, profesora de la Universidad de Valencia y experta en pinturas quemadas, a quien pidió que recuperara esta obra de “rarísima calidad” como ella la califica, no solo por la destreza del maestro sino también, por ejemplo, porque utiliza lapislázuli para el azul del manto de la virgen niña o cochinilla para el rojo de una manga.

“Son dos pigmentos que sitúan la obra en una calidad altísima”, algo que se explica pensando que sería encargada por alguna alta autoridad española en Nápoles, cuando este era un dominio español.

A Mora de Rubielos llegó, según la investigación de Raúl Francisco Sebastián y Aurelio Pérez, a través de un fraile de la vecina localidad de Cabra de Mora, fray Miguel Vicente Abad Zapater, que había estado unos años en esta región italiana.

El destino final de la obra en el templo responde a una donación del fraile, según este mismo estudio.


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Cuando el cuadro llegó a manos de Gómez estaba ennegrecido por el humo del incendio que sufrió el templo y los pigmentos también afectados en algunas zonas que presentaban ampollas.

La restauradora ha recuperado la obra, de manera gratuita, y aprovechando para explicar en sus clases de la Universidad de Valencia estos procesos.

El cuadro restaurado se presentó recientemente en la localidad donde los vecinos y la parroquia agradecieron a Gómez su labor, y de la visita al templo la experta se llevó de nuevo trabajo porque donde la gente ha visto durante años trozos de madera vieja y quemada, ella descubrió los restos de un retablo cubierto de oro.