Lunes, 22 de Octubre de 2018

Clavelina, Esperanza y Beamonte

Un contribuyente medio que trabaje de los 16 años hasta los 65 y fallezca a los 83 habrá pagado en impuestos una cuantía equivalente a sus ingresos durante 27 años de su vida; por tanto, su Año de la Liberación Fiscal llegaría cuando cumpliese los 43.

Si consideramos la “cuña fiscal”, el IVA, los Impuestos Especiales y otros gravámenes, el trabajador español medio dedica, según el Informe “Día de la liberación fiscal” del Think Tank Civismo, 180 días de su sueldo anual a impuestos. Así, el Día de la Liberación Fiscal llega el 29 de junio. Hasta ese día, ¡a pagar!

A todos nos sabe mal pagar impuestos y hay otra cosa que aún sabe peor: pagar más que el vecino por lo mismo. Clavelina García, de 82 años, convertida en un símbolo de la lucha en contra del Impuesto de Sucesiones, además, lo dice.

Tampoco le gustan los impuestos a Esperanza Aguirre, que hace unos días propuso la supresión del impuesto de la plusvalía municipal y, a corto plazo, no cobrárselo a los ciudadanos que han perdido dinero al vender su piso, así como bonificar un 95% en los casos de muerte del familiar propietario.

Ella sabe que la supresión es difícil, más bien imposible, ya que según la Ley de Estabilidad Presupuestaria tendría que compensarse con un descenso en el gasto, y eso, pedir no gastar en la nueva política (también en la vieja), es pedir peras al olmo.

Pero ¿y qué tiene en común Luis María Beamonte con estas dos señoras?. Pues parece que al alcalde de Tarazona tampoco le gustan los impuestos: 2017 es el cuarto año consecutivo que se mantienen congelados en su ciudad. Ojalá se bajasen pero, al menos, la congelación es una ayudita para intentar adelantar el día de la liberación fiscal.

“Al alcalde de Tarazona tampoco le gustan los impuestos: 2017 es el cuarto año consecutivo que se mantienen congelados en su ciudad”

Y es que encontrar contribuyentes que no les guste pagar impuestos es lo normal pero no lo es encontrar políticos dispuestos a no cobrarlos. Invita al optimismo pensar que quien lo ha hecho en Tarazona lo pueda hacer algún día en Aragón.

Ojalá los deseos de Clavelina, las propuestas de Esperanza o el ejemplo de Beamonte en Tarazona sean seguidos por quienes tengan es sus manos la responsabilidad de hacerlos realidad.