Martes, 11 de Diciembre de 2018

¿No hay excusas?: Ya no cuela

“Ya no hay excusas”. Este era el lema que el bisindicalismo español sacaba este pasado primero de mayo a las calles para intentar tener su minuto de gloria en unos informativos ávidos de noticias sobre todo cuando ese día festivo añade un día a un fin de semana.

Como si fuese una trasnochada procesión se repite la misma liturgia. Parece que se quiera visibilizar una estructura que todavía se sustenta en parte en los restos de un franquismo que se resiste a ser enterrado. Me refiero a ese sindicato vertical en el que empresarios, trabajadores y Estado regulaban el mercado de trabajo (¡caramba, qué coincidencia!, como la Fundación Tripartita -actual Fundae– que gestiona los cursos de formación para el empleo).

“Como si fuese una trasnochada procesión se repite la misma liturgia”

Por supuesto que hay que reivindicar de aquellos años a tantos sindicalistas que literalmente se jugaron la vida por los derechos de los trabajadores y por su lucha contra la dictadura. Tanto desde la clandestinidad (como la UGT de entonces) o desde la infiltración en las filas del régimen como hicieron las primeras Comisiones Obreras de Marcelino Camacho o la Unión Sindical Obrera (USO) de inspiración cristiana.

Y ahí se quedaron. Unos sindicatos de clase que han consagrado los mecanismos de la negociación colectiva por encima de la libertad de acuerdo entre empleadores y trabajadores y que, sin duda, es una de las dificultades de modernización del mercado laboral.

Unos sindicatos que han creado unas barreras a la entrada de otras iniciativas de representación laboral en pro de una pretendida unidad de acción sindical. La UGT y CCOO actuales detentan aunque sea de forma legal, que no legítima, la representación de “todos” los trabajadores españoles sean o no de esos sindicatos, estén o no sindicados.

En sectores importantísimos de la sociedad española como el comercio, la función pública o la educación no son los mayoritarios. Incluso en algunas autonomías como Galicia o País Vasco tampoco son los más representativos.

Al igual que en política el “bisindicalismo” ya no funciona y otras iniciativas se abren paso poco a poco hartas de un sindicalismo inmovilista, lleno de casos de corrupción, con una opinión pública que cada vez cuestiona más este modelo de liberados sindicales, de gestión de fondos de formación, de fondos para los parados procedentes de EREs que les financian de forma más que cuestionable…

Pues estos sindicatos son los que este primero de mayo, como cada año, quiere hacerse esa foto teñida de un rojo reivindicativo cada vez más alejada de la realidad. Y dicen que “no hay excusas”. Habrá que tomarles la palabra y exigirles de una vez que no hay excusas para su propia regeneración

¿Están preparados ‘nuestros’ -porque los pagamos entre todos- sindicatos para afrontar los grandes retos de los cambios en las relaciones laborales del siglo XXI?

En un tiempo donde la movilidad nacional e internacional es creciente, las necesidades de las personas cambian de forma continuada, la forma en la que se proveen los servicios cada vez es más diversa, la estructura de las empresas debe adaptarse permanentemente si quieren progresar… ¿aporta algo de frescura el gran sindicalismo actual o se han convertido más bien ese palo que no deja que la rueda pueda seguir girando hacia el progreso?

“¿Están preparados “nuestros” sindicatos para afrontar los grandes retos de los cambios en las relaciones laborales del siglo XXI?”

El sindicalismo español deberá más pronto que tarde afrontar el reto de la liberalización del mercado laboral para que haya más creación de riqueza para más trabajadores, el reto de la eliminación de privilegios grabados en oro en determinados convenios y sectores, en especial el sector público, que limita la generación de nuevos empleos y la mejora de las condiciones de trabajo, la transformación de sindicatos de clase en sindicatos profesionales y la gran asignatura pendiente de la independencia sindical que sólo puede conseguirse desde la autofinanciación.

Sindicalistas de mariscada a cargo de una subvención de la Junta de Andalucía