Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

Tienes nombre de río, pequeña nación…

Espero que el título de la columna no lleve a engaño. No voy a militar en una de esas plurales naciones que ha creado la imaginación de Pedro Sánchez. Se trata, simplemente, de un guiño a una canción de un grupo tan aragonés como ‘La ronda de Boltaña’.

La semana pasada comenzaba mi columna con una referencia al río Ebro. Coincidía que HOY ARAGÓN publicaba dos noticias que tienen que ver con esa tan deseada agua. “El árido aspecto del ebro rechaza cualquier trasvase“, titulaba hace unos días este periódico. Poco después, en una visita que Inés Arrimadas -portavoz nacional de Ciudadanos- realizaba a Zaragoza defendía un minitrasvase “técnico” del Ebro a las cuencas interiores catalanas: es que ella vive en Barcelona, es comprensible, claro.

No seré yo quien critique su postura. O es valiente, porque defender un trasvase del Ebro en Aragón tiene su aquel, o es ignorante, por la misma razón o es interesada porque se juega más votos en Barcelona que en Zaragoza.

Es cierto que a los profesionales de la noticia les encanta preguntar por el trasvase a los dirigentes de Ciudadanos cada vez que se acercan a nuestra comunidad. Saben a ciencia cierta que conseguirán un titular para sus medios y un dolor de cabeza a los jefes del partido en Aragón.

No voy a entrar en el debate de siempre:

                  – Trasvase sí, trasvase no

                  – Para agua de boca sí, para otros usos no

                  – Hacer pantanos en el Pirineo o en tierra plana

                  – Unidad de cuenca o el agua del Ebro para Almería, Murcia, Valencia, Barcelona…

Es muy canso el tema y desde luego habrá que superarlo en algún momento. Y lo cierto es que hay mecanismos para que este debate pueda vencerse de una vez.

Hay asuntos en esta sociedad que parecen no poderse ni mencionar. En nuestra tierra la de que el agua del Ebro no se toca, por ejemplo. En tiempos de gran presión a favor del trasvase del Ebro la guasa y retranca aragonesa se inventó un argumento que tiene su cosa: Si Levante quiere agua, Aragón quiere playa…

¿Y si en Aragón nos sentásemos y empezásemos a dar soluciones que comprometiesen y responsabilizasen a todos por igual en la gestión de agua?

Voy a un ejemplo muy cercano: la ciudad de Zaragoza. Desde hace más de veinte años la gestión del abastecimiento del agua en la capital del Ebro.

Se ha mejorado la red de abastecimiento, se ha incidido en la bondad de ciertos comportamientos cívicos de ahorro del líquido elemento, se han hecho más transparentes los costes de la traída de aguas y su saneamiento y, sobre todo, se ha empezado a acercar el coste real de todo este proceso a las tarifas que los ciudadanos hemos de pagar. Me ahorro en este momento hablar de la depuradora de La Cartuja que es otras de las salvajadas públicas que se han hecho a costa del agua y de nuestros bolsillos… ese es otro tema.

Ya que la portavoz del partido de Rivera alude a criterios técnicos -supongo que solicitados a petición del político de turno, por supuesto- para defender la continuidad del minitrasvase del Ebro a Barcelona, voy esgrimir unas bases técnicas que podrían servir para abrir puertas en ese manoseado debate.

La base está en el regante. Es el consumidor más intensivo de agua. Más de dos tercios del uso de agua en España es para la agricultura y ganadería mientras que el consumo de los hogares estaría alrededor de 15% de toda el agua utilizada en nuestro país. Por eso mismo el argumento de que un minitrasvase es necesario para garantizar el agua de consumo humano es falaz.

Una vez reconducido el debate hacia lo agropecuario… ¿qué hacemos, trasvases, grandes pantanos, grandes canales?

¡Pues claro que sí, faltaría más! El problema no es realizar las infraestructuras sino imputar el 100 % de su coste: ese es el quid de la cuestión. ¿Está dispuesto el agricultor de Almería a pagar el coste de trasvasar el agua desde el Ebro hasta El Ejido?

Esa misma pregunta habría que hacerle al agricultor de Murcia, de Valencia o a la familia barcelonesa que reside en el barrio de Les Corts: ¿estás dispuesto a pagar el coste de llevar el agua hasta tu huerto o tu casa y de pagar su saneamiento?

Y es que este es el gran valor que tiene el campo aragonés. El uso del recurso ‘agua’ es mucho más barato si se utiliza donde está, se racionaliza su uso y se imputa su coste. De esta manera en aquellos lugares donde el régimen de aguas es diferente encontrarían otro tipo de usos más rentables para la agricultura o usos alternativos en otras industrias sin necesidad de generar unas tensiones que no van a ninguna parte.

No es tan complicado, no es tan enrevesado. Lo que es inviable en este tiempo que vivimos es el de crear y construir infraestructuras que no van a poder amortizarse nunca, con unos costes de mantenimiento anuales disparatados y con unas rentabilidades sociales más que dudosas: sólo valoramos aquello que nos cuesta.

Y si me permitís hago referencia a esta canción que quizá algunos conocéis, quizá hayáis oído e incluso tarareado. La ronda de Boltaña, ese grupo de música tradicional aragonesa, tiene en su repertorio pequeñas joyas y esta es una de ellas: La tronada.

Somos un pueblo de agua en un seco país;

abrazados a un río queremos vivir.

No veremos nunca el mar, como no echemos a andar.

¡Vamos juntos, que se oye tronar!