Domingo, 16 de Diciembre de 2018

¡Ojalá, Rentería!

Esta semana se han cumplido 19 años desde que ETA asesinó en Rentería (Guipúzcoa) a Manuel Zamarreño, concejal del PP, casado y padre de cuatro hijos. Los terroristas hicieron estallar una bomba instalada en una motocicleta cuando Manuel volvía a su casa tras comprar el pan.

Zamarreño había sustituido en el Ayuntamiento a José Luis Caso, concejal también del PP en Rentería, asesinado por ETA medio año antes. Han tenido que pasar 19 largos años para que las víctimas de ETA de la corporación de Rentería (dichos concejales y el policía municipal, militante socialista, Vicente Gájate, asesinado en 1984), hayan sido homenajeadas por su Ayuntamiento.

Pero aunque tarde, este homenaje es una buena noticia, y debería haber tenido mayor repercusión mediática, porque ha sido la primera vez que un Ayuntamiento vasco gobernado por la izquierda abertzale ha rendido homenaje expreso a víctimas de ETA; y lo ha hecho en exclusiva, sin compartir protagonismos con otras víctimas, sin calculadas equidistancias o insultantes equiparaciones.

“La primera vez que un Ayuntamiento vasco gobernado por la izquierda abertzale ha rendido homenaje expreso a víctimas de ETA”

Leo en prensa la breve noticia y me acuerdo de Patria, de Aramburu. Y me acuerdo porque la historia de Zamarreño es una de las realidades que se adivinan en la novela. Una novela que refleja, a través de dos familias, lo absurdo del conflicto, el odio latente en parte de la sociedad, las heridas enquistadas, el miedo, la incomunicación…

Y en medio de ese ambiente y de ese sufrimiento lo único que quiere Bittori, la protagonista, es una palabra, “perdón”; solo quiere eso. Solo esa palabra puede ayudarle a aliviar y llevar mejor el permanente dolor que para siempre quedará en ella y, como en ella, en muchas familias.

Ojalá el ejemplo de Rentería sirva para que los que aun cierran los ojos y el corazón, los abran. Ojalá abran los ojos y vean la sinrazón de un conflicto que solo trae sufrimiento; y ojalá también abran su corazón y, mirando a los ojos a tantos y tantas Bittoris, digan la esperada palabra: “Perdón”.