Miércoles, 17 de Octubre de 2018

¿Hasta cuándo aguantará la pirámide?

Ida Mae Fuller fue la primera pensionista de la seguridad social norteamericana, cotizó por valor de 22 dólares y recibió prestaciones por valor de 22.000. Este ejemplo ilustra como el sistema de pensiones es un sistema piramidal tipo Ponzi o Madoff en el que antiguos inversores rentabilizan sus depósitos gracias a otros nuevos que, siempre que el tinglado siga funcionando, recuperarán su inversión dentro de muchos años.

Pero lo normal es que, algún día, las circunstancias con las que se creó la pirámide cambien y el tinglado deje de funcionar. En el sistema de pensiones eran pocos los perceptores al principio (la edad de jubilación era parecida pero la esperanza de vida mucho menor), pero hoy la pirámide se tambalea.

Con más pensionistas, más esperanza de vida y menos trabajadores, que no le engañen: el actual sistema de pensiones no es sostenible. Algunos nos dicen que no hay que preocuparse, que para eso está la famosa e inexistente “hucha” de las pensiones; otra ficción, o realidad contable, si prefieren verlo así, para aparentar una entidad autofinanciada, cuando en realidad no lo es.

Con más pensionistas, más esperanza de vida y menos trabajadores, que no le engañen: el actual sistema de pensiones no es sostenible

Nos dicen que ese fondo de reserva está para gastarlo cuando hay vacas flacas, y cuando estas sean gordas volverá a dotarse. Gracias a la creación de empleo o a la inmigración habrá más cotizantes que podrán pagar las pensiones y, si no, con el aumento de cotizaciones o el endeudamiento ya se pagará. Y, mientras tanto, alegría y a seguir gastando; y no ponga mala cara, que le dirán que es un ‘austericida’.

A otros, sin embargo, no nos salen las cuentas, por mucho que nos digan que dos más dos son cinco, no nos lo creemos; y sabemos que aumentar cotizaciones o endeudarse trae a su vez más desempleo y, por tanto, menos cotizantes. Como casi siempre en economía, las soluciones a corto plazo agravan el problema.

“Y no ponga mala cara, que le dirán que es un austericida”

Y es que la cuenta de la vieja de ingresos menos gastos nunca falla: en 1996 gastábamos en pensiones 46 (miles de millones), diez años más tarde subimos a 86 y en 2016 vamos camino de triplicarlo y ya gastamos en pensiones 133. Con los ingresos, sin embargo, no pasa lo mismo: 45 en 1986, 95 en 1996 y 103 en 2016. ¡Nos faltan 30!

Y si cada vez hay más pensionistas y, gracias a Dios, estos viven más, ¿cuántos impuestos tendremos que pagar para sostener lo insostenible?, ¿hasta cuándo aguantará la pirámide?

Pues se lo digo: o se suben las cotizaciones un 30% o conseguimos 5 millones más de afiliados, lo que supondría que encontraran trabajo todos los parados que hay en España más 1 millón de inmigrantes que tendrían que venir.

Como ambas soluciones son imposibles optamos por endeudarnos; es decir, pasamos el pago de las pensiones de los abuelos a sus nietos, y así la rueda continúa… ¿hasta cuándo?

Continuará…