Martes, 11 de Diciembre de 2018

Comarcalitis

Leo en HOY ARAGÓN que los aragoneses somos los primeros en número de políticos por habitante. Y ya sé, me dirán que esto es demagogia, populismo barato, etc y que los políticos, nos guste o no, son necesarios.

Y eso de que son necesarios es verdad, hasta el catecismo nos lo enseña: “Una sociedad bien ordenada y fecunda requiere gobernantes, investidos de legítima autoridad, que defiendan las instituciones y consagren, en la medida suficiente, su actividad y sus desvelos al provecho común del país”.

Así que para no dejarme llevar por eslóganes me voy a los datos y ¡oh, sorpresa!: tenemos 67 diputados y 4.297 concejales, algunos de los cuales son también diputados provinciales (77) o consejeros comarcales (827). Total: 5.268 cargos políticos.

“Un cargo político por cada 250 habitantes. ¿Y eso es mucho o poco?”

Y si contásemos los liberados sindicales del Gobierno de Aragón sumaríamos otros 195, que cuestan al Gobierno (es decir, a usted y a mí) más de 6 millones de euros; seguramente muy necesarios en tal cantidad, para defender a los empleados públicos de las penosas condiciones de trabajo a las que el gobierno de turno les somete.

Pero sin contar a estos liberados (de ellos ya hablaremos otro día) tenemos: ¡un cargo político por cada 250 habitantes! ¿Y eso es mucho o poco?

Si usted aún lo duda compare con los médicos de familia: cuatro veces menos (ellos son 1 por cada 1158). Pero ¡ojo!: no se me echen al monte los médicos y piensen que en Aragón son pocos; todo lo contrario, somos los terceros en España en esa ratio.

Pero también es cierto, me dirán, que si medimos por número de habitantes Aragón va a ganar en muchas ratios, que ser pocos y vivir en más de 700 municipios distorsiona las estadísticas, es ineficiente y tiene un alto coste que hay que soportar.

“Llegó Biel, incorporó la palabra vertebración al diccionario de lo políticamente correcto, se inventó las comarcas y todos, a derecha e izquierda, dijeron amén”

Vale, y entonces qué hemos hecho para mejorar. Pues en vez de acometer reformas que racionalicen esa dispersión como han hecho en toda Europa, aquí llegó Biel, incorporó la palabra vertebración al diccionario de lo políticamente correcto, se inventó las comarcas y todos, a derecha e izquierda, dijeron amén.

Así se multiplican las instituciones, se reparten los sillones, y siempre hay fotos que hacerse…. ¡venga gasto y que no pare la fiesta! Ayer Biel puso la música y hoy, en Utebo y Zaragoza, la seguimos bailando.

Me temo que en Aragón, en aquel apartado del catecismo nos hemos pasado siete pueblos o, mejor dicho, siete comarcas.