Lunes, 22 de Octubre de 2018

Dolor y vergüenza

Me gustaría que este 1 de octubre no hubiera llegado nunca.

Me gustaría que no se hubiera alcanzado una deslealtad institucional y un atropello democrático como el protagonizado por el secesionismo golpista. Me gustaría que tantos miles de catalanes no se hubieran subido al carro de la sinrazón y la mentira.

Me gustaría que otros muchos miles más de catalanes no llevaran tanto tiempo asustados por el supremacismo consentido por todos, y hubieran podido hacer algo más que refugiarse en el silencio. Me gustaría que el dúo Puigdemont & Junqueras, con sus impulsores y obedecedores, hace tiempo que estuvieran a buen recaudo político por sobrados motivos legales y éticos que ya hubo para ello.

Me gustaría que, puestos a tener que haber llegado a este 1 de octubre, hubiéramos llegado de otro modo.

Dolor y vergüenza en Cataluña / Emilio Morenatti

Me gustaría que para enfrentarnos al desafío de unos iluminados los demócratas y decentes no hubiéramos tenido de presidente a un apagado. Me gustaría que el partido del gobierno no hubiera llegado con la pesada carga de la falta de credibilidad a causa de su enorme corrupción activa o pasiva.

Me gustaría que las gentes con más inteligencia y liderazgo en los ámbitos de la economía, cultura, empresa, investigación, sociedad… no hubieran sido tan egoístas o calculadores de sus potenciales provechos, y no se hubieran puesto de perfil o hubieran aparecido tan tarde.

Me gustaría que hubiéramos llegado aquí con un PSOE vertebrado y no desnortado, con un Podemos menos rebosante de cínicos, con un Ciudadanos que no fuera una mentira de principio a fin.

Me hubiera gustado que este 1 de octubre no hubiera ocurrido, pero sucedió.

Sucedió que Rajoy pensó que el Estado de Derecho le haría los deberes que él nunca hace hasta que se pudre el cuaderno o se cancela el examen. Sucedió que él y su vicepresidenta midieron mal la capacidad del enemigo (los políticos que han asaltado la legalidad son nuestros enemigos); que minusvaloraron la fe profesada por los contrincantes (los bienintencionados o equivocados o torpes o necios creyentes en la independencia son nuestros contrincantes).

Sucedió que Rajoy pensó que el Estado de Derecho le haría los deberes que él nunca hace hasta que se pudre el cuaderno o se cancela el examen

Sucedió que Rajoy pensó que no habría circunstancia alguna que pudiera superar a un limitado Ministro del Interior elegido a golpe de cuñadismo político. Sucedió que a Rajoy, de tanto estar sentado viendo pasar la vida política de España, se le marchitó la flor en el culo que le había permitido hasta ahora tener casi siempre la suerte que casi nunca había merecido. Y a Don Tancredo Rajoy se lo llevó la riada de insensatos. Y a todos nosotros, con él a fuerza de desventura, nos pasó por encima la manada en estampida.

Una vez más, Rajoy nos mintió cuando dijo que no habría referéndum. Y no sólo hubo referéndum, sino que fue más burdo de lo que habría bastado para descalificarse solo; fue todo lo desopilante que el mejor sueño habría deseado para que los farsantes hubieran resultado ser el hazmerreir del mundo que los ignoraba.

Pero en ese arte de la farsa que hoy es la política no se trata de ser sino de parecer. Y sucedió lo peor: lo legítimo parecía ilegal, lo ilegal pareció legitimarse, la cobardía y falta de dignidad parecían prudencia, y la estafa informativa de los medios públicos lo anegó todo igualando culpabilidades y delincuencias desiguales.

El que unos tuvieran que cumplir reglas y otros no derivó en un absurdo de terrible apariencia: Policía Nacional y Guardia Civil (habitualmente exquisitas por bien preparadas) se vieron en una trampa de la que salieron mediáticamente mal paradas frente a la desobediencia, deslealtad, indignidad y cobardía de quienes no fueron los servidores públicos, padres o adultos responsables y decentes que debieron ser.

El vomitivo escándalo en sesión continua que es la repugnante TV3, y a la que TVE quiso jugarle de tú a tú con infinita torpeza y menor rédito infame, hicieron el resto.

Me gustaría que ya que ha existido este negro 1 de octubre no hubiera un día 2, pero lo hay. El día 2 este mundo superficial y esloganero en el que vivimos reparará en ciudadanos violentados por policías sin reparar en el porqué ni el cómo.

Un grupo de catalanes con la papeleta para votar la independencia / Emilio Morenatti

El día 2 ó el 22, pero pronto, la Unión Europea le dirá a Rajoy que los calle como quiera pero que los calle, y ser un mandao siempre es un problema y siempre suele salir caro. El día 2 ó 3 ó 4, los descerebrados probablemente declararán unilateralmente la independencia y montarán una huelga general que será de cuidado.

¿Alguna esperanza? A largo plazo ninguna, porque mientras la educación y los medios de comunicación públicos sean una herramienta política en manos de gente de esta calaña no hay nada que hacer.

A largo plazo ninguna, porque mientras la educación y los medios de comunicación públicos sean una herramienta política en manos de gente de esta calaña no hay nada que hacer

A cortísimo plazo podría haber dos opciones:

La primera que estos mentecatos, como buenos piratas que son, se emborrachen de ron tras su victoria y se peleen y maten políticamente entre ellos. Ya saben, como en las pelis, muchas veces después del perfecto robo del siglo se lía en el reparto del botín.

La segunda que los que mandan de verdad, los que tienen el dinero y pueden hacer mucho más o perder más que mucho, decidan que hasta aquí hemos llegado y empiecen a cortar cabezas de títeres. No me lo creo mucho, pero no nos quedan muchas otras esperanzas.

Si el mercado bursátil español y el euro sufrieran un varapalo en los próximos días, y los periódicos empezaran a rumiar algún tipo de boicot podría ser una buena señal de que vienen los jefes de verdad con alguna solución. No duden que carísima.

Después de este día de rabia, como colofón al primer acto (sólo el primero) de esta etapa de infamia y rabia sólo quiero expresar un deseo mientras pienso en todos y cada uno de los que nos han traído hasta aquí:

Ojalá el destino les devuelva todo el dolor y la vergüenza que nos están haciendo pasar. ¡Malditos sean!