Jueves, 15 de Noviembre de 2018

Una lanza en favor de la independencia

Soy zaragozano, aragonés y español. Pero no en ese orden. Mil veces más español que aragonés, y mil veces más español que zaragozano. Pero soy esas tres cosas.

A pesar de ello, de sentirme orgullosamente español y orgulloso de nuestra bandera y de nuestra ciudad vestida con ella, la unidad de España, en sí misma, no me parece un valor por el que valga la pena luchar.

Agarraría sin dudarlo un fusil para defender España de una invasión, pero nunca para obligar a permanecer en España a alguien que no quiera pertenecer a ella. Y no me entiendan mal: creo que Cataluña le debe mucho a España.

Creo que España ha hecho por Cataluña más de lo que en justicia le era debido. Pero incluso cuando he discutido con amigos catalanes sobre la independencia, me he encontrado con ser el único que defendía que a Cataluña le podía ir mejor como estado independiente, independiente de España e independiente de la Unión Europea, que como parte de España.

La Guardia Civil intenta entrar en un colegio electoral / AFP

No con el ridículo Gobierno catalán actual, por supuesto, pero sí con un gobierno liberal, algo que tarde o temprano acabaría por llegar en el hipotético caso de una Cataluña independientePero si hay algo que realmente me importa en España es que se respete, caiga quien caiga, el Estado de Derecho.

Puedo imaginar sin problemas una España sin Cataluña, del mismo modo que veo avanzar una España sin Cuba o una España sin Filipinas, pero lo que me resulta inaceptable es una España sin Estado de Derecho.

Puedo imaginar sin problemas una España sin Cataluña, pero lo que me resulta inaceptable es una España sin Estado de Derecho

Una España en la que se infringe la ley sin consecuencias dejaría de ser la España en la que confío, en la que, sin alcanzar nunca la inalcanzable perfección, disfrutamos de una convivencia con leyes razonablemente justas y en la que la Ley se cumple sin apenas excepciones.

Por eso, con el ardor aún vivo del flagrante delito del referéndum de Cataluña, que aunque esperpéntico e ilegítimo ha logrado ser un éxito, me creo en el derecho de afirmar que el Gobierno español no ha logrado, como era su deber, hacer cumplir la ley e impedir que se llevara a cabo semejante ataque a nuestra Constitución y a los derechos fundamentales que debe garantizar a los ciudadanos, y en particular a toda la población catalana que, como yo, cree en el cumplimiento de la ley y en las consecuencias para quienes la infrinjan.

El Gobierno no ha estado a la altura de las circunstancias, incluso a pesar de haber tratado de hacer en 7 días lo que debía haber hecho en los 5 años anteriores.

Ha fallado el Gobierno, y en un país como España en el que la separación de poderes no existe, ha fallado el Estado al completo (el Gobierno, la Fiscalía, las Cortes Generales y también la Corona, garante de la unidad), permitiendo que se vulneren nuestras libertades y en particular las libertades y garantías constitucionales de los ciudadanos catalanes.

Papeletas para votar en el referéndum / Reuters

Sin embargo, quien en última instancia es responsable de la actuación poder ejecutivo, las fuerzas de seguridad del Estado, sí han sabido estar a la altura de las circunstancias. Abandonados por el Gobierno en zonas hostiles y a merced de los independentistas que han secuestrado las calles, la Policía Nacional y la Guardia Civil han defendido la Ley hasta donde les ha sido humanamente posible.

Abandonados por el Gobierno en zonas hostiles y a merced de los independentistas que han secuestrado las calles, la Policía Nacional y la Guardia Civil han defendido la Ley hasta donde les ha sido humanamente posible

Y merecen, desde mi punto de vista, pro independentista pero defensor a ultranza del cumplimiento de la ley, todo el aplauso, agradecimiento y respeto del que soy capaz. Porque su valentía, su prudencia y su uso de la fuerza cuando ha sido inevitable son la prueba de que incluso con unos políticos deleznables y un Estado incapacitado, el sentido común de las fuerzas del orden puede ser suficiente para mantener el orden.

Por supuesto en el lado contrario están los Mossos, que han traicionado la confianza que el pueblo catalán había depositado en ellos al ignorar las órdenes que la Justicia les había hecho llegar, aunque fuera en el último momento y con todo el pescado vendido.

Los Mossos no se deben a Cataluña, se deben a los ciudadanos catalanes, que en las últimas elecciones se mostraron, aunque fuera por una ínfima mayoría, favorables a España y por tanto contrarios a la independencia.

Los Mossos d’Esquadra durante la jornada de ayer / EFE

Y al deshonrar a los catalanes han mostrado la irrelevancia de su existencia, porque ante la duda han optado por obviar la Ley. Los Mossos, para cualquier catalán defensor de la democracia y la soberanía popular, han demostrado hoy que deben ser disueltos y sustituidos por fuerzas del orden fiables.

Ningún rencor para con ellos individualmente: su papel ha sido extremadamente complejo y difícil, pero es en esas decisiones en las que se descubre con qué fuerzas puedes contar y cuales no están a la altura cuando las circunstancias lo requieren.

Los Mossos, para cualquier catalán defensor de la democracia y la soberanía popular, han demostrado hoy que deben ser disueltos y sustituidos por fuerzas del orden fiables

Y el Estado de Derecho, que a veces es firmar una Ley y a veces es dar un porrazo para que se cumpla esa Ley, debe ser absolutamente inflexible.

Si en algún momento existiera un Referéndum legal y yo tuviera derecho al voto, probablemente votaría a favor de la independencia, imaginando una Cataluña convertida en una Suiza o una Luxemburgo, algo de lo que creo capaces a los Catalanes, históricamente liberales, de la que sin ser catalán me gustaría formar parte.

Pero nunca merecerá mi confianza un país nacido de la ilegalidad, del desprecio a la soberanía popular y a la democracia, una Cataluña bastarda, ilegítima, sin autoridad moral para defender sus propias leyes y cuyas raíces partieran de un sentimiento adolescente y pueril de rebeldía contra un país del que no puede existir queja razonable.

La Policía Nacional desaloja a los simpatizantes del referéndum / AP

Independencia, sí, pero no porque España esto, o España aquello, sino porque en nuestra época las soberanías tienen más futuro si son reducidas en población y territorio.

Independencia por libertarismo, pero no por falso victimismo. Escindirse de España por interés, pero no por despecho. Porque solo hay dos formas de conseguir una Cataluña independiente legítima: desde la sangre, que espero que nadie sea tan imbécil de defender, y desde el respeto a la democracia y a la soberanía popular.

Y cuando un referéndum es ilegal, como ha sido este es sin la menor duda, es radicalmente contrario a la soberanía del pueblo, y por tanto debe ser primero evitado y después ignorado. Ojalá Cataluña sea capaz de poner a su frente a políticos de los que uno no se avergüence. España, desgraciadamente, no ha sido buen ejemplo.