Jueves, 18 de Octubre de 2018

HOY ARAGÓN ha querido vivir el Rosario de Cristal desde dentro, junto a algunas de las miles de personas que han acompañado su recorrido. Hemos conocido historias y aprendido detalles de este acto religioso que se vive en Zaragoza desde el año 1889, únicamente interrumpido por la Guerra Civil española o por la climatología adversa, como sucedió el año pasado debido a la lluvia, así como en 1931 y 1962.

La ciudad tenía ganas de Rosario, y se ha notado. Según los organizadores, los grupos han doblado el número de participantes y se han sumado tres Cofradías nuevas, La Humildad de Zaragoza, Las Siete Palabras de El Frago y la Hermandad de Santa María del Alcázar de Toledo.

Antes de tomar la salida el primer farol, hemos visto la alegría y nervios que rebosaban en Alicia y sus compañeros de OJE mientras tomaban posiciones, al igual que los bomberos de Zaragoza, algunos de ellos en gesto de recogimiento, antes de acompañar un año más el quinto Misterio Glorioso.


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Hemos conocido a Soledad, que viene desde Tarazona con sus dos hijas. Lo hace acompañada de algunas pastas de té, para distraer la espera ya que ella toma posiciones desde las cinco y media de la tarde frente a la misma salida junto a la calle San Vicente de Paúl.

Me ha dicho que le gustan los 300 faroles monumentales y de mano, diseñados – salvo los luminosos- por Ricardo Magdalena y que a sus hijas, lo que más les atrae es el simbolismo de los colores, rojos y verdes en los Misterios Gozosos, violetas y verdes junto a los Dolorosos, así como los blancos y azules de los Misterios Gloriosos.

En las manos de Soledad, un Rosario que perteneció a su marido Manuel, ya fallecido. Se le humedece la mirada, cuando me recuerda los años en los que toda la familia, venían a Zaragoza cada 13 de octubre para ver a la Virgen, tomarse unos “churricos con chocolate” para entrar en calor -por entonces hacía fresquito- y ver y rezar el Rosario de Cristal completo, en varias ocasiones, con una manta en las piernas como abrigo ante el frío.

La procesión, personifica un Rosario en el que las cuentas son faroles de cristal. Comprende quince faroles monumentales transportados con carrozas, que son diferentes para cada uno de los Misterios, además de faroles de mano para los Padrenuestros, Avemarías, Glorias, salutaciones y la Letanía.

Hemos conversado con Elena y Gonzalo. Ambos vienen a ver a su padre, que porta farol acompañando a los Caballeros del Pilar y “La Venida de la Virgen”. Me han dicho que junto con la ofrenda, es el acto que más les gusta y que acompañan a su padre desde que eran muy pequeños.

Gonzalo, confiesa que durante los próximos días, no podrá dejar de tararear silbando, las avemarías que en el momento de hablar con ellos, suenan por la megafonía, ya que para él “resultan muy pegadizas”.

Elena tiene claro que lo que más le gusta es el farol de La Hispanidad, que recuerda la condición de la Virgen del Pilar, como patrona de Hispanoamérica. Fue donada por el Ayuntamiento que encargó la obra a los arquitectos zaragozanos José y Manuel Romero Aguirre y salió por primera vez en la procesión de 1946.

Hemos visto una multitud silenciosa, rebosante de emoción y hemos recorrido las calles que se han iluminado con las luces de los faroles. Zaragoza se ha envuelto en los Misterios del Santísimo Rosario desde su comienzo, en la que es su sede, la Iglesia Del Sagrado Corazón de Jesús, hasta su regreso al mismo lugar.

Al año que viene, volveremos para aprender un poco más, del saber popular zaragozano.