Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

Necesitas marcas que digan lo que piensas. Necesitas personas que sean ellos mismos, pero de verdad.

No por ponerse el ‘disfraz’ de una moda, ya eres diferente a los demás. Va mucho más allá.

Personas y marcas que muestren a los demás, los límites de su realidad.

Que demuestren que las cosas se pueden hacer de otra manera hasta como ahora se estaban haciendo.

No haciendo lo mismo que hacen los demás, pero con otro nombre.

Marcas que no esperen a que llegue la moda de turno a nuestra ciudad para declararse ellos los “precursores” de la misma cuando en Madrid, ya esa moda se olvidó hace 5 años.


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Organizaciones que digan no al “chantaje” que se vive cuando se quiere organizar un evento, y se le “recomienda” que se incluya un ponente si se quiere hacer el evento en unas instalaciones determinadas.

Que haya personas diferentes a las que siempre hay en todo evento.

Y que a la hora de mostrar tu opinión disconforme con el “experto” de turno, no se conteste con frases como: “Eso que dices es algo imposible de hacer en Aragón”.

Personas que digan no sé hacer lo que me estás pidiendo. Y ese reto lo vean como una forma de no conocer donde están sus límites, talentos hasta ahora desconocidos por ti u oportunidades de negocios imposibles hasta la fecha.

Personas y marcas que cuando los veas, no sientan que son una copia más de alguien que sí dijo lo que sentía a pesar de las circunstancias.

Que son originales pase lo que pase, cueste lo que cueste.

Personas y marcas que las ames o las odies. Pero ante todo digas, olé maño, olé, porque estás siendo tú mismo, cosa que a mí me gustaría pero me da miedo.

Eventos que hablan de talento, de innovación y no eventos que llevan más de una década haciendo siempre lo mismo y se consideran innovadores.

Y es lo que veo y nos pasa, tenemos mucho miedo.

Y tener miedo no es nada malo, lo que sí es perjudicial para la salud es cuando te dejas vencer por él.


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Vemos a personas como Daviz Muñoz, Risto Mejide, Elon Musk, Extreme, Richard Branson.. y pensamos que controvertidos son por sus declaraciones, por sus acciones de marketing, por sus ideas culinarias

En realidad están hablando nuestro miedo, de nuestro ego en esos momentos.

Cuando vemos algo fuera de lo establecido como “normal” saltamos como el oso Yogui sobre las tarteras de los visitantes a su bosque, diciendo que es algo imposible, que están locos y que nunca lo conseguirán.

Cuando en realidad, cuando nos vamos a dormir pensamos: “Ojalá tuviera lo que tiene él para hacer lo que ha hecho”.

La controversia es un síntoma de una salud social y empresarial buena.

Porque muestra que hay empresas que no siguen lo establecido, muestran que otra realidad es posible y que el éxito, el avance, la felicidad o como quieras llamarlo está esperándote detrás de esos límites que tienes en la cabeza, llamados normas.

Pero también mueven los culos de los sillones o hacen que el cuello de la camisa apriete un poco más.

Ya que remueven las bases anquilosadas de la cultura empresarial, que promueven la innovación pero en el fondo no la desean ya que pueden perder su puesto de trabajo o que los demás vean que lo que decían a lo que hacían de verdad, era una distancia más larga que de aquí a la Luna.


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Si fuéramos empáticos, veríamos que no es controversia, sino coherencia. Hacen, sienten y demuestran quienes son ellos, sin importar las circunstancias ni lo que dirán. Porque saben que son ellos quienes crean sus propias circunstancias.

Y si coherencia es romper los límites que hasta ahora estaban sustentando nuestras vidas, ¿qué hay de malo?

Se busca más controversia. Si alguien la encuentra, tiene recompensa.