Martes, 23 de Octubre de 2018

El café… este brebaje negro, que excitaba y sentaba bien, fue introducido en Europa en el siglo XVII. Y a nuestro país llegó más tarde, en la centuria siguiente, a la par que las ideas ilustradas.

No sólo entonces se importó la afición a tomar esta aromática bebida sino que también se produjo la aparición del establecimiento público, de igual denominación, que se fue conformando como ámbito preferente de reunión y congregación social, alcanzando su pleno desarrollo en el siglo XIX.

A imitación de los existentes en París, Viena o Londres, se abrieron numerosos cafés en las principales ciudades españolas, comenzando por Madrid y Barcelona hacia mediados del siglo XVIII.

TOMAR CAFÉ EN LA ZARAGOZA DE 1800

Estos nuevos espacios públicos de sociabilidad aspiraban a convertirse en lugares de encuentro en los que, con el pretexto de “tomar café”, se participaba en juegos y se hablaba de asuntos del día. Algunos de ellos fueron célebres por sus tertulias de variada índole y auténticos clubs políticos.

En Zaragoza, y en esas mismas fechas, se crearon los cafés de Carmen, de Gimeno y de la Reunión en las inmediaciones del teatro Principal, en la calle del Coso, una de las más amplias y transitadas vías urbanas.

Vista del paseo de la Independencia desde la plaza de la Constitución (a la derecha se aprecia el café del Suizo, al inicio de los porches), en 1904 / Archivo Histórico Provincial deZaragoza. Fotografía de Ignacio Coyne

De hecho, en la zona que comprendía el Coso, la plaza de la Constitución (hoy plaza de España) y el paseo de la Independencia, y que actuaba como espina dorsal de la ciudad, se emplazaron los primeros y más concurridos.


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De los tres existentes inicialmente se pasó a 21 en el año 1867.

AROMA PARISINO EN EL CAFÉ DEL SUIZO

Uno de los fundados en este transcurso de tiempo fue el reputado café del Suizo (en el local en el que había estado anteriormente el café de las Delicias, paseo de la Independencia) en 1847.

Fue instalado por la sociedad Matossi, Fanconi y compañía, que tenía con el mismo nombre otros muy acreditados en Bilbao (donde estos suizos abrieron el primero, en calle del Correo, en 1814), Madrid (calle de Alcalá, núm. 36, esquina con la Ancha de Peligros –luego calle de Sevilla, núm. 16–, el 3 de junio de 1845), Barcelona (plaza Real, núm. 17, en noviembre de 1857) o Huesca (plaza de Zaragoza, el 15 de junio de 1877).

El Suizo de Zaragoza estuvo situado hasta 1856 en el local antes citado (que, posteriormente, habría de ser ocupado por el café de la Iberia) y, tras un traslado provisional al circo del Caballo Blanco (calle de los Sitios), se instaló definitivamente en 1858 en la planta baja de la casa núm. 2 del paseo de la Independencia, esquina con la plaza de la Constitución, núm. 3, hasta su desaparición en 1916.

Estuvo ubicado en uno de los puntos más estratégicos de la ciudad como es la plaza de la Constitución y, en este espacio, se congregaron entonces elegantes establecimientos como la fonda de Europa (plaza de la Constitución esquina con la calle del Coso) o el café de la Constancia (calle del Coso, esquina al arco de Cineja), a los que años después se sumaría el Gambrinus (plaza de la Constitución, núm. 1, inaugurado el 28 de mayo de 1889).

El Suizo destacaba por su capacidad y distribución y, gracias al uso de la arquitectura del hierro, se conformaron dos salones, en los que se dispusieron divanes de terciopelo rojo (que invitaban a la charla relajada), grandes espejos, mesas de mármol y sillas de madera (de la empresa Thonet).

Fachada del Teatro Principal de Zaragoza, a finales de 1800 / GAZA

De este modo, se configuró siguiendo el modelo de café vigente en la época caracterizado por su amplitud y comodidad y por responder a las tendencias constructivas del momento, en la línea de los cafés europeos y, especialmente, parisinos.


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Cada café tiene su aspecto y fisonomía propia, así como retrata la sociología de una época.

El Suizo fue el lugar favorito de toreros y aficionados a la tauromaquia y reunió a los admiradores de Bruno Solano en sus pláticas diarias.

1916, EL FIN DEL SUIZO

Tras casi un siglo de existencia, cerró sus puertas a comienzos de 1916, cuando sus locales pasaron a ser propiedad del Banco Hispano Americano.

En julio de ese año, el director de la sucursal de esta entidad bancaria (hasta ese momento sita en la calle del Coso, núm. 31), y después de haber adquirido este inmueble, solicitó licencia municipal para practicar obras de reforma general en él con el fin de adaptarlo a su nuevo destino, con arreglo a los planos formulados por el arquitecto Miguel Ángel Navarro, y siendo inaugurado el 17 de marzo de 1918.

El Suizo tuvo que rendirse a los nuevos tiempos, marcados por el crecimiento demográfico y mejora económica y social, que se acompañaron con el empuje inmobiliario (ejercido por oficinas financieras que deseaban emplazarse en los puntos céntricos de la urbe) y la apertura de nuevos locales comerciales y de ocio, tales como bares y salas de fiestas.

Su desaparición, al igual que la de otros antiguos cafés, era consecuencia de un profundo cambio en el espacio urbano y en las costumbres, y con él terminó la época del café con sabor castizo y leyenda pintoresca, política y literaria.