Martes, 23 de Octubre de 2018

Lo del chalé de Pablo Iglesias parecía una banalidad, pero de eso nada. Si se examina, atentamente, el caso, más allá de las esperadas, consabidas y vacuas críticas políticas, el asunto da para mucho. Iremos de menos a más.

Lo primero, y según nos tiene acostumbrados, Pablo Iglesias ha hecho lo contrario de lo que predica y critica. Pero, no obstante, Irene Montero defiende la compra sin rubor alguno ¿es el macho alfa un calzonazos? Cosas más raras se han visto.

Entre rescindir la compra y no decir nada, está la sonrojante actitud de justificarla como han hecho el interesado y la doble E: Echenique y Errejón. Claro que no pagar la Seguridad Social y contratar a un negro son preludio de justificarlo todo. Esto sería lo segundo.

Lo tercero es la torticera pregunta del plebiscito, que consistía en dejar la Secretaría General del partido, que no la casa, si las bases no avalaban la compra. Parecía que el referéndum era sobre la casa, pero no, la casa no se tocaba.

Lo cuarto es ese plebiscito por internet sin garantía alguna y, pese a todo, poco concurrido.

“Parecía que el referéndum era sobre la casa, pero no, la casa no se tocaba”

Lo peor es lo que voy a señalar en quinto lugar, se transmite que es ético lo que las bases deciden que es ético.

O sea, como las peores dictaduras de izquierda y derecha, estamos ante una mentalidad que niega todo principio general, propio en la naturaleza humana y obvio, que condicione una votación, es ético lo que la mayoría decide.

O sea, que si a los judíos, a los deficientes mentales, a los rubios, a los ancianos, o a los minusválidos, se decide en una asamblea que hay que cargárselos, eso es ético. Además si hay colectivos poco productivos y que sólo generan gasto, como, además, voten mayoritariamente al PP…

Estamos en la línea de que desde cierta edad no se vota, por lo visto los mayores no tienen intereses.

En fin, banal no es el asunto, ahora, es normal esperar algo así de quien hace lo mismo que critica, e intenta justificarlo.

Afortunadamente, estamos en un país libre. Cada cual se puede comprar la casa que quiera, el problema es hablar por hablar y considerar que, hasta la memoria de los españoles, es relativa.