Jueves, 18 de Octubre de 2018

Entre el Puente de Piedra y el Club de Natación Helios de Zaragoza, bajo el pavimento del aparcamiento de Macanaz, yacen los cuerpos de más de 10.000 zaragozanos que, a pesar de haber defendido la ciudad frente a las tropas napoleónicas en la batalla de Los Sitios, ahora permanecen en el olvido de la memoria colectiva.

Ni una placa, ni un monumento conmemorativo. Nada que recuerde a todas esas víctimas que murieron en combate o a causa de la enfermedad del tifus, que se expandió como la pólvora hasta reducir a más de la mitad la población zaragozana que había entonces.

Según Gonzalo Aguado, presidente de la Asociación cultural de Los Sitios, en una entrevista a Efe, Zaragoza no aprovecha lo suficiente la proyección cultural y turística que tendría, entre otras cosas, la fosa común de Macanaz, que se descubrió durante unas excavaciones en la zona cuando Luis Gómez Laguna era alcalde de la ciudad.

Según cuenta, las monedas y los objetos que se hallaron durante las investigaciones que se hicieron entonces desvelaron que los más de 10.000 cuerpos enterrados pertenecían a la época de Los Sitios.


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Aunque muchos zaragozanos desconocen este cementerio oculto, la Asociación de Los Sitos posee una fotografía en la que el propio Gómez Laguna aparece sosteniendo un cráneo procedente de esta fosa común.

Además, según explica Aguado, todavía se conservan las facturas de los carromatos que, tras la capitulación de Zaragoza, transportaron a los miles de cadáveres que había desnudos amontonados en las calles y frente a las puertas de las iglesias.

Los Sitios de Zaragoza son un episodio clave en la historia de la ciudad / H.A

Durante los últimos días del asedio de 1809, solo la epidemia de tifus acababa con la vida de más de 300 personas al día, sin contar a los muertos en combate.

“La decisión de apilar todos aquellos cadáveres en un mismo sitio fue idea de los franceses, que no iban a entrar en una Zaragoza convertida en una ciudad fantasmagórica con unas condiciones higiénicas deplorables y en la que el olor era insoportable”, subraya Aguado.

Así pues, como cuestión sanitaria de primer orden, desde el 21 de febrero hasta el 5 de marzo que entró el mariscal Lannes en Zaragoza, el ejército francés aprovechó el agujero de la antigua salitrería que había en Macanaz para enterrar a todos aquellos cuerpos que yacían en la ciudad.

Además, según señala Aguado, también utilizaron una fosa que había en el cruce del paseo Echegaray y Caballero con la calle Santo Domingo.

Sin embargo, “no hay esfuerzo ni voluntad política para recordar este capítulo de la historia de la capital aragonesa, y menos si hay planes urbanísticos en la zona”, lamenta Aguado.

Desde la Asociación Los Sitios ya se ha reclamado al gobierno municipal en varias ocasiones, ya no que se estudien los cuerpos, sino que se coloque al menos una placa o monumento que conmemore a los miles de soldados y familias, víctimas de la guerra y de la enfermedad, que demostraron a las tropas napoleónicas que no sería fácil conquistar Zaragoza.

Recreación de la batalla de Los Sitios de Zaragoza / H.A

Un reconocimiento que, además, “costaría muy poco“, recalca Aguado, pues la Asociación ya cuenta con un mural de relieve que realizó el escultor zaragozano Jesús Gazol en el que se muestra el sufrimiento de todas esas personas anónimas que murieron en Zaragoza durante la guerra de Los Sitios.


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Para Aguado, recuperar esta parte del legado aragonés “no es hablar de guerra, sino de historia y de la valentía y resistencia que unió a miles de zaragozanos para defender su tierra de un ejército que nadie había vencido”.

Por ello, dedicar un espacio, un museo o un centro de interpretación tal y como se hace en lugares como Almansa (Albacete), Arapiles (Salamanca) o Bailén (Jaén) sería “un proyecto enriquecedor, no solo cultural, sino socialmente, pues los valores de Los Sitios son importantes para la sociedad y, como zaragozanos, somos herederos de ellos y de esa historia”, concluye Aguado.