Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

Los números hablan por sí solos. La economía de la comarca turolense se verá lastrada por el cierre de la térmica de Andorra dejando en la estacada a miles de familias. Y, por tanto, a una zona que comienza a ver negro su futuro económico al tiempo que intenta frenar la despoblación.

La decisión de la compañía energética Endesa del cierre inmediato, en junio de 2020, de la central térmica de Andorra (Teruel aboca a más de 580 personas del municipio turolense al paro. Eso suma, contando los empleos por cuenta ajena, una cifra que supera el 25% del empleo de toda la comarca.

Y, según las cifras que manejan los sindicatos del sector, la sangría de empleo será aún mayor con la perdida de empleo indirecto. Estas fuentes apuntan que se llegará a las 4.000 personas que pierdan el empleo en la zona, entre puestos indirectos o las empresas auxiliares de la comarca. Una sangría de desempleo que no podrá aguantar sin una alternativa viable

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Según fuentes de Endesa, el principal motivo del cierre es la falta de regulación específica sobre el sector, las exigencias de cumplimiento con la normativa medioambiental de la Unión Europea o las condiciones del mercado que lastran el futuro de las centrales térmicas por suponer una inversión desmedida.

Es evidente que la pérdida progresiva de empleo, entre otros por el cierre de las minas de carbón en los últimos años, ha afectado a la economía comarcal. Y todavía será más lacerante la situación económica de la zona con el cierre del principal motor: la central térmica de Andorra.

En cifras, la comarca de Andorra ha perdido más del 10% de empleos, unos 350 puestos de trabajo, en tan sólo 10 años. Una cifra desoladora para una comarca que lucha -insistentemente- contra la despoblación.

EL CAMBIO DE MODELO

El posible cierre de la central térmica de Andorra era la crónica de una muerte anunciada. Y desde hace años. Sin embargo, su posible desmantelamiento desde la empresa energética no avivó la voluntad de las instituciones, tanto desde el Gobierno central como desde el Gobierno aragonés, por promover una transición razonable para reindustrializar la zona.

La comarca de Andorra era, hace años, una de las más prósperas de la comunidad autónoma por la implantación de grandes empresas energéticas.

Por ejemplo, el sector del carbón era uno de los puntales de la economía andorrana. A finales de los 90, unas 700 personas trabajaban en las minas de carbón de la comarca de Andorra. Ahora son poco más de 80.

Es más, la comarca de Andorra ha perdido más del 10% de empleos que le quedaban, unos 350 puestos de trabajo netos, en tan sólo 10 años. Una cifra desoladora para una comarca que lucha -insistentemente- contra la despoblación. El cierre o desmantelamiento de los sectores pujantes han finiquitado las oportunidades en otros sectores.

¿EL FUTURO?

Lejos de culpabilizarse mutuamente, o de hacer algo de autocrítica, las instituciones aragonesas o el gobierno de España han preferido repetir que se trabajará por una transición que no hunda a la comarca. E incluso, en palabras del presidente aragonés Javier Lambán, que “los aragoneses tomen nota” de la actuación de Endesa por provocar el cierre de la central térmica.

Junto a ello, en declaraciones ofrecidas en el día de hoy, Lambán avisa de que el Gobierno de España no permitirá el cierre de la central sin que Endesa establezca un plan organizado de actuación después del cierre.


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Además, ha destacado que el Gobierno de Aragón plantea una reunión con la ministra Ribera para el próximo mes de diciembre con el fin de abordar el cierre de la central.

Javier Lambán, como ha reiterado en numerosas ocasiones sin ningún éxito, ha manifestado su disposición a trabajar “codo con codo” con instituciones, empresas y sindicatos para conseguir que la economía del carbón sea sustituida por otra “sin que se resienta la economía de la zona”.