Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

Mira tú por dónde -quién lo iba a decir- a la Virgen del Pilar le han salido de pronto dos inesperados guardianes de la ortodoxia y de la fe, llamados Alberto Cubero y Pedro Santisteve.

Ni el alcalde, ni su edil han dudado en rasgarse las vestiduras y blandir su espada cibernética en las redes sociales, tras conocer que una alegoría falangista en forma de manto estuvo cubriendo el lunes la Columna más sagrada de Aragón.

Fue apenas una hora, pero ¡hay que ver con qué celeridad reaccionaron y con qué espíritu reparador! De no ser porque no consta que lo tengan por costumbre, diríase que la ominosa afrenta a Nuestra Señora les pilló durante su turno de adoración en la Santa Capilla.


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El cruzado Cubero fue el primer en abrir fuego en Twitter, exigiendo a la Iglesia -católica, por supuesto- una disculpa por el ultraje. Quizás no sabía el edil, o sí, que el Arzobispado ya estaba implorando perdón a esas horas, por lo que desde el primer momento se reconoció como un lamentable error humano.

No fue menor el espanto y la indignación del alcalde, al clamar con solemnidad: ¡“Es una vergüenza y una falta muy grave a la sensibilidad y creencias de miles de vecinos y vecinas de esta ciudad que rechazan de pleno el fascismo”!

¡Guau! Quiera Dios que no me equivoque y que estemos realmente ante un caso de milagrosa conversión en la plaza de las catedrales. Porque, o mucho me falla la memoria, o no recuerdo yo que Alberto Cubero pidiera explicaciones o requiriera una mínima disculpa con igual firmeza y vehemencia a esa excrecencia intelectual que responde al nombre de Guillermo Toledo -Willy para los amigos- tras compartir éste sus deseos de defecar sobre la mismísima Virgen del Pilar.

Al parecer Willy se expresa libremente, incluso cuando caga, mientras los demás nos podemos cagar, como se nos ocurra expresarnos con igual libertad y nos dé por vulnerar el discurso y el pensamiento único de la progresía más atávica y elemental.

Pero para costalazo de verdad, al caer del caballo y ver la Luz, el del alcalde de la Inmortal Zaragoza.

Resulta que de pronto a Pedro Santisteve le preocupa y le causa honda desazón el intolerable sacrilegio falangista contra las creencias y sensibilidades de sus convecinos, cuando hace apenas dos semanas no tuvo ningún reparo en que una tipeja del Grapo -asesina convicta por más señas, con una decena de cadáveres en su haber- impartiera doctrina en dependencias municipales, mientras su ilustrísima, Cubero y compañía se ponían de perfil, amparándose por enésima vez en el mantra del artículo 20; un precepto sagrado de nuestra Constitución, que han conseguido desvirtuar y despojar de contenido, en la medida en que les hemos dejado -¡malditos complejos!- apropiarse de su uso y disfrute en régimen de monopolio y exclusividad.

No sé yo. Por momentos dudo y mi alma navega entre tinieblas: Puede que mi optimismo responda a un ramalazo de bendita ingenuidad y lo de Santisteve y Cubero sólo sea un nuevo gesto de doble moral y fariseísmo de andar por casa; pero quién sabe si realmente estamos ante uno de esos portentos que a veces consigue la Virgen del Pilar y el año que viene les vemos postrarse de hinojos ante la patrona, cuando, después de las elecciones de mayo, no tengan ya que ocuparse de las cosas del césar y, sólo por eso, los zaragozanos emulemos también a los cruzados al grito de ¡Caelum denique!; ¡Por fin el Cielo!

*Daniel Pérez Calvo es periodista