El hospital abandonado de Delicias donde nacieron muchos zaragozanos fue antes un chalet burgués: Casa Monterde
En el número 1 de la calle Padre Manjón, en pleno barrio de Delicias, se levanta un edificio que forma parte de la memoria colectiva de Zaragoza. Hoy permanece cerrado y tapiado, pero durante décadas fue un hospital donde nacieron y se curaron miles de zaragozanos. Antes de eso, a comienzos del siglo XX, había sido un elegante chalet de la familia Monterde, una saga burguesa que dejó su nombre en una de las calles colindantes.
Un chalet con huertos y jardines
El inmueble fue proyectado en los años 20 por el arquitecto Miguel Ángel Navarro Pérez. La Casa Monterde se diseñó como una residencia señorial rodeada de amplios jardines y huertos. Contaba con tres plantas, torreón, cornisa de madera y una fachada decorada con rejerías modernistas y balcones que recordaban a las casas del paseo de Sagasta.
Su composición, marcada por cuerpos geométricos y arcos tripartitos en puertas y ventanas, le otorgaba un aire distinguido en un barrio que por entonces estaba empezando a crecer. En poco tiempo, la Casa Monterde se convirtió en un referente arquitectónico, símbolo de un modo de vida acomodado que contrastaba con el entorno obrero de Delicias.
Del lujo al servicio sanitario
Hacia finales de los años 40, la familia Monterde vendió la propiedad a la Delegación Nacional de Sindicatos, que la transformó en el Sanatorio San Jorge, integrado en la Obra Sindical 18 de Julio. Desde ese momento, el edificio pasó de ser un chalet burgués a convertirse en un hospital de referencia para los vecinos de Zaragoza.
Durante las décadas siguientes, el popularmente conocido como 'Hospital 18 de Julio' atendió a miles de pacientes. En los años 80, con la reforma sanitaria, el centro se especializó en geriatría y se configuró oficialmente como el Hospital Geriátrico San Jorge. Allí vivieron y fueron tratados alrededor de medio centenar de ancianos enfermos, acompañados de sus familias y de un personal sanitario que llenaba de vida la calle Padre Manjón.
El cierre en 2008
Tras más de medio siglo de actividad, el hospital cerró sus puertas en 2008. Los pacientes fueron trasladados al Hospital de Nuestra Señora de Gracia y el edificio quedó vacío. En aquel momento, el Gobierno de Aragón llegó a anunciar su intención de reconvertirlo en centro de salud para descongestionar los ambulatorios de la zona.
Los vecinos recuerdan bien aquella promesa incumplida. Según confirmaba Heraldo de Aragón, trabajadores de la zona opinaban que convertirlo en ambulatorio serviría para descongestionar los centros de salud de Santa Orosia y Parque Roma y señalaban que cuando el hospital estaba en funcionamiento la calle tenía mucha más vida, ya que pacientes, familiares y trabajadores compraban en los negocios del entorno, algo que se perdió con el cierre.
De UGT a la subasta
En 2011, el Ejecutivo autonómico cedió el edificio al sindicato UGT, ya que formaba parte del Patrimonio Sindical Acumulado (PSA). Poco después, en 2013, fue ocupado por la CNT durante tres días como medida de protesta, hasta que la Delegación del Gobierno ordenó su desalojo. Desde entonces, el inmueble permanece tapiado, con sus ventanas y puertas cegadas con ladrillo.
En 2014 salió a subasta por un precio cercano a los 2,5 millones de euros. En los portales inmobiliarios aparecía anunciado como un “edificio de uso flexible”, válido para actividades administrativas, culturales, sanitarias o deportivas. Eso sí, su fachada está protegida, por lo que cualquier rehabilitación tendría que hacerse en el interior.
Diez años después de su cierre, el edificio sigue esperando una nueva función. Para los vecinos, cada día que pasa es una oportunidad perdida. “Un edificio así vacío mata la calle”, coinciden.
La Casa Monterde, convertida en hospital 18 de Julio y más tarde en geriátrico San Jorge, es hoy un ejemplo de patrimonio olvidado en Zaragoza. Un inmueble que resume la historia de la ciudad: del esplendor burgués al servicio público, y de ahí al abandono. Su recuperación, ya sea como centro de salud, residencia o espacio cultural, es una de las grandes asignaturas pendientes del barrio de Delicias y de toda la capital aragonesa.

