Así acabó Manuel Pérez, el cura aragonés que se convirtió en líder guerrillero en Colombia

De Alfamén a la selva. Esta es la historia del sacerdote más polémico que dirigió el ELN y acabó excomulgado por la iglesia. 
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Así acabó Manuel Pérez, el cura aragonés que se convirtió en líder guerrillero en Colombia / Vía Prensa Bolivariana

La historia de Manuel Pérez Martínez, nacido en 1943 en el pequeño municipio de Alfamén (Zaragoza), es una de las más sorprendentes y polémicas de la segunda mitad del siglo XX. Conocido como el Cura Pérez, este aragonés pasó de formarse en los seminarios de Teruel y Zaragoza a convertirse en el máximo dirigente del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Colombia, una de las guerrillas más activas y temidas de Latinoamérica.

De cura aragonés a sacerdote misionero

Pérez creció en una familia humilde de agricultores. En Alfamén lo recuerdan como alguien bueno y generoso, que llevaba vagabundos a comer casa y se preocupaba por el resto de vecinos.

Con vocación religiosa temprana, ingresó en el Seminario de Alcorisa y después en el de Zaragoza, donde cursó filosofía. En los años sesenta se unió a la Obra para la Cooperación Sacerdotal Hispano-Americana, con la intención de llevar el mensaje cristiano y la ayuda social a América Latina.

Fue ordenado sacerdote en 1966 por el Papa Pablo VI, un hecho que marcaba el inicio de lo que parecía una carrera pastoral convencional. Sin embargo, el contacto con la pobreza extrema y las desigualdades sociales en República Dominicana primero, y en Colombia después, despertaron en él una conciencia política cada vez más radical.

El salto a la guerrilla

En Cartagena de Indias y en otros barrios marginados colombianos, Pérez comenzó a trabajar con comunidades desfavorecidas. Allí coincidió con otros sacerdotes influenciados por la Teología de la Liberación, corriente que unía el compromiso cristiano con la lucha política contra la injusticia.

En 1969, junto a Domingo Laín y José Antonio Jiménez Comín, también sacerdotes españoles, se unió clandestinamente al ELN, la guerrilla inspirada en la figura del sacerdote Camilo Torres Restrepo. Desde ese momento, abandonó la vida eclesiástica tradicional para adentrarse en la clandestinidad.

Los años setenta fueron duros para el ELN, debilitado tras la operación militar de Anorí. Sin embargo, la capacidad organizativa de Manuel Pérez lo llevó a escalar posiciones hasta convertirse en 1978 en el máximo líder de la organización.

Desde ese puesto, promovió la reorganización militar del grupo y amplió su base política. Bajo su mando, el ELN combinó el discurso cristiano de liberación con una estrategia revolucionaria marxista, lo que le valió reconocimiento entre algunos sectores de izquierda y, a la vez, fuertes críticas por las acciones violentas del grupo: secuestros, atentados y ataques contra infraestructuras energéticas.

La excomunión y la polémica

El papel de Pérez en el asesinato del obispo Jesús Emilio Jaramillo en 1989 llevó a la Iglesia a condenarlo con la excomunión, un hecho que confirmó la ruptura definitiva entre su pasado sacerdotal y su presente guerrillero.

Para algunos, fue un hombre coherente con sus ideales de justicia social; para otros, un traidor a la fe y un dirigente responsable de la violencia que marcó a miles de colombianos.

El 14 de febrero de 1998, con 54 años, Manuel Pérez falleció en las montañas del departamento de Santander, víctima de una hepatitis C. El ELN ocultó su muerte durante semanas hasta anunciarla oficialmente, mientras Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino, asumía el liderazgo.

Su final en la selva cerraba una vida marcada por el contraste: de sacerdote aragonés a comandante de una de las guerrillas más relevantes de Colombia.

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