Opinión | La propiedad del Real Zaragoza debe dar la cara, tener presencia y construir un proyecto de verdad

Un club con seis títulos de Copa del Rey, una Recopa de Europa y décadas de historia en la élite jugará el año que viene en una categoría semiprofesional. En esta situación, los propietarios y dirigentes del Real Zaragoza deben dar la cara y explicar qué ha pasado y cuál es el plan para volver a ser un club competitivo.
Los accionistas del Real Zaragoza, Jorge Mas con Juan Forcén, el día que se presentó el actual presidente del Real Zaragoza / Marcos Cebrián para HOY ARAGÓN
Los accionistas del Real Zaragoza, Jorge Mas con Juan Forcén, el día que se presentó el actual presidente del Real Zaragoza / Marcos Cebrián para HOY ARAGÓN

Este domingo, en el estadio de Gran Canaria, el Real Zaragoza consumó el mayor fracaso de su historia moderna. El empate ante Las Palmas y la goleada del Cádiz al Leganés certificaron el descenso a Primera RFEF, la tercera categoría del fútbol español.

Un club con seis títulos de Copa del Rey, una Recopa de Europa y décadas de historia en la élite jugará el año que viene en una categoría semiprofesional. No hay forma de suavizarlo.

Minutos después del pitido final, el club publicó un comunicado. Siete párrafos. Palabras elegidas con cuidado, como reconoce el propio texto: "Cuesta escoger las palabras para dirigirnos a vosotros". Hay cosas en ese comunicado que son ciertas y que merecen reconocimiento. Y hay cosas que no están, que deberían estar, y cuya ausencia dice más que cualquier frase escrita.

El comunicado admite el fracaso con una claridad inusual en los textos institucionales del fútbol. "Nosotros no hemos estado a la altura deportivamente", dice. "Hemos dado un gran paso atrás, sin duda por falta de acierto en la toma de decisiones relevantes". Y más adelante: "Hoy toca digerir que hemos fracasado deportivamente". Tres reconocimientos explícitos de fracaso.

Lo que no aparece en ninguno de los siete párrafos es el nombre de quien tomó esas decisiones. El "nosotros" del comunicado es colectivo y difuso. La responsabilidad, individual y concreta, queda en el aire. No se explica qué decisiones fallaron, quién las tomó ni qué va a cambiar para que no se repitan. El comunicado pide paciencia y anuncia compromiso, pero no ofrece ningún diagnóstico real de lo que ha salido mal.

Eso no es suficiente. La afición del Real Zaragoza lleva años aguantando cambios de entrenador, plantillas sin criterio y discursos optimistas que no se correspondían con la realidad del campo. Merecen algo más que un comunicado bien redactado. Merecen explicaciones concretas y compromisos verificables.

Las cifras económicas y de inversión de los propietarios es justo reconocerlas. Pero no todo es alivio financiero en un negocio que lo marca la faceta deportiva y el arraigo a los principios del club. Dicho esto, los números son los números.

El grupo inversor liderado por Jorge Mas, Juan Forcén, Jim Carpenter o Joseph Oughourlian han cumplido dos compromisos concretos y relevantes: la deuda del club ha bajado de 68 a 39 millones de euros, se han invertido 65 millones entre ampliaciones de capital, reducción de pasivo y el proyecto del Ibercaja Romareda —el nuevo estadio que Zaragoza necesita y merece— sigue adelante gracias a su aportación. Son hechos reales que no se deben ignorar.

Pero el fútbol no se gana con balances contables. Se gana con proyectos deportivos serios, con continuidad, con una estructura que funcione cuando el entrenador cambia o cuando los resultados no acompañan. En cuatro años han pasado por el banquillo nueve entrenadores. Han tenido minutos 93 jugadores distintos. El equipo ha ganado el 27% de sus partidos de Liga y ha perdido casi el 40%. Eso no es mala suerte. Es la ausencia de un modelo que nunca ha existido.

Y luego está el dato que más cuesta digerir: Jorge Mas ha presenciado en directo nueve de los 167 partidos de Liga que ha jugado el Zaragoza bajo su mandato. Nueve visitas al estadio en cuatro años. Uno de cada dieciocho partidos. Así no se preside el Real Zaragoza. No se puede liderar una institución que forma parte de la identidad de Aragón desde la distancia. No se puede pedir a la afición compromiso y entrega cuando la propiedad aparece por La Romareda una vez cada varios meses.

Presidir el Real Zaragoza no es gestionar un activo financiero desde Miami. Es liderar una institución con más de 25.000 abonados que la sienten como suya, con una historia que obliga y con una ciudad entera que espera. Eso exige presencia física, comunicación directa con la afición y la voluntad de estar cuando duele. Especialmente cuando duele.

Más allá de la presencia de la propiedad, hay un problema estructural que el comunicado no aborda y que hay que señalar: el Real Zaragoza no tiene una parcela deportiva consolidada. No ha habido en años un director deportivo con autoridad real y continuidad suficiente para construir un proyecto que sobreviva al cambio de entrenador. No hay una identidad de juego que se mantenga de una temporada a otra. No hay un modelo de captación de talento que funcione con independencia de quién esté en el banquillo.

Y hay un símbolo físico de ese estado de cosas que resulta difícil de ignorar y que es un ejemplo muy práctico de cómo está el club por dentro: la Ciudad Deportiva del Real Zaragoza, las instalaciones donde se forman los jugadores del futuro y donde entrena el primer equipo, está en un estado de deterioro que resulta incompatible con cualquier discurso serio sobre construir un proyecto.

No puede haber cantera competitiva sin instalaciones dignas. No puede haber proyecto deportivo sin infraestructura deportiva. La inversión en el nuevo estadio es necesaria e irrenunciable, pero la Ciudad Deportiva no puede seguir esperando.

El comunicado menciona, una vez más, que el accionariado está abierto a la entrada de empresarios o aficionados aragoneses. Es una idea que lleva tiempo sobre la mesa y que, hasta ahora, no ha fructificado. La razón de ese fracaso no es la falta de voluntad ni la falta de recursos entre el empresariado aragonés.

La razón es más sencilla y más dolorosa: nadie quiere entrar en un club sin proyecto ni alma. Nadie quiere invertir su dinero y su nombre en una entidad que no sabe adónde va, que cambia de entrenador cada pocos meses, que no tiene una estructura deportiva consolidada y que ha perdido la conexión emocional con su propia ciudad. El Real Zaragoza de hoy no transmite confianza ni proyecto. Y mientras eso no cambie, la llamada a los empresarios aragoneses seguirá siendo un gesto de imagen sin respuesta real.

Para que alguien quiera entrar, primero tiene que haber algo en lo que merecer la pena entrar.

La actual propiedad dice estar comprometida con el club pese a todo. Y en esa línea, debe cambiar radicalmente su forma de estar en él. Más presencia es lo que se necesita. Más comunicación directa y honesta con la afición. Más responsabilidad pública cuando las cosas van mal. Más allá de la inversión económica y el compromiso con las obligaciones financieras, un club se construye desde el tuétano. 

Una estructura deportiva real, desde una dirección general que tenga autoridad a un staff deportivo de nivel que tenga continuidad. Una Ciudad Deportiva en condiciones. Y la voluntad genuina de entender que el Real Zaragoza no es un activo más en una cartera de inversiones: es la institución deportiva más importante de Aragón.

El comunicado de este domingo termina con una frase: "El León resurgirá más fuerte". Para que eso ocurra no basta con escribirlo. Hay que demostrarlo con hechos, con presencia y con un proyecto en el que la afición aragonesa pueda volver a creer.

Lo de hoy no empezó hoy. El martes, 26 de mayo, se cumplen exactamente veinte años desde que Agapito Iglesias compró el Real Zaragoza. Dos décadas en las que el club ha pasado por manos que nunca entendieron del todo lo que tenían entre ellas. En las últimas trece ligas de Segunda División, el Real Zaragoza ha acumulado 22 entrenadores y 237 jugadores. Tantos técnicos en trece años como otros clubes han tenido en décadas.

Mientras tanto, entre 1986 y 2006, el Real Zaragoza ganó cuatro Copas del Rey, una Recopa de Europa y una Supercopa de España. Fichó a dos campeones del mundo. Fue un club que competía en Europa. Eso es lo que se ha perdido en veinte años. Y recuperarlo exige mucho más que pagar deudas y construir estadios. Exige tener claro para qué existe este club, quién lo dirige y cómo se va a volver a hacer grande.

El descenso de este domingo es el punto más bajo de esos veinte años. Que sea también el punto de inflexión que este club y esta ciudad necesitan.

*Álvaro Sierra es socio director de HOY ARAGÓN

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