Muere Juan Antonio Gracia, sacerdote, periodista y canónigo emérito del Cabildo Metropolitano de Zaragoza

Ha fallecido a la edad de 100 años, dejando una gran huella.

El canónigo emérito del Cabildo Metropolitano de Zaragoza, Juan Antonio Gracia, ha fallecido este miércoles a la edad de cien años, dejando tras de sí una profunda huella en la vida eclesiástica, cultural y social de la capital aragonesa. Su funeral se celebrará el viernes 4 de julio a las 10.30 horas en la basílica del Pilar, templo al que estuvo profundamente vinculado durante décadas.

Nacido en 1924, Juan Antonio Gracia fue ordenado sacerdote en 1948 y desde entonces dedicó más de siete décadas al servicio pastoral, académico y espiritual de la Archidiócesis de Zaragoza. Miembro del Cabildo Metropolitano durante años, fue una figura muy respetada por su sabiduría serena, su cercanía y su permanente vocación de servicio, tanto dentro como fuera de la Iglesia.

Su trayectoria no se limitó al ámbito religioso. Gracia fue también docente en centros de formación teológica y colaborador habitual de Heraldo de Aragón, donde publicó durante años numerosos artículos en los que reflexionaba sobre temas de actualidad, cultura, fe y sociedad. Sus textos eran una mezcla de rigor intelectual, sentido pastoral y profundo conocimiento de la realidad aragonesa, lo que le granjeó una legión de lectores fieles y el respeto de múltiples generaciones.

Una de las facetas más queridas de su vida pública fue su papel como capellán emérito del Real Zaragoza, cargo que desempeñó desde 1956. Durante más de medio siglo acompañó espiritualmente a jugadores, técnicos, directivos y aficionados, convirtiéndose en una presencia discreta pero constante en la vida del club. Su cercanía con el deporte, siempre desde una visión humanista y cristiana, le convirtió en un referente también en el mundo del fútbol.

El pasado 12 de junio, Juan Antonio Gracia alcanzó el centenario, un hito que fue celebrado con afecto en distintos ámbitos sociales y eclesiásticos. Entre las numerosas felicitaciones que recibió se encontraba una muy especial: la del papa León XIV, quien le hizo llegar sus parabienes personales a través de Fernando Arregui, oficial del Dicasterio para los Obispos en Roma. Un gesto que evidencia el reconocimiento universal a su trayectoria y a su entrega sacerdotal.

Comentarios