La ruta perfecta para hacer con niños y sin salir de Zaragoza
A tan solo unos minutos del centro, ofrece la ruta ideal para disfrutar en familia: naturaleza, fauna y un paseo accesible sin salir de Zaragoza.
A tan solo unos minutos del centro urbano, el Galacho de Juslibol se presenta como un espacio natural único que permite a familias y grupos escolares disfrutar de una experiencia en plena naturaleza sin necesidad de salir de Zaragoza. Este enclave, declarado espacio protegido, se formó tras la gran crecida del río Ebro en 1961, cuando el cauce abandonó un meandro y creó un humedal de gran valor ecológico.
El recorrido comienza en el barrio rural de Juslibol, al que se puede llegar fácilmente en coche, en autobús o en tranvía. Una vez allí, el paseo atraviesa sus calles estrechas y enseguida se abre paso entre los cortados de yeso que caracterizan el paisaje del valle del Ebro. Poco a poco, el ambiente urbano desaparece y da lugar a huertas, caminos de tierra compacta y vegetación ribereña, lo que convierte el itinerario en una transición perfecta hacia un entorno natural que sorprende por su cercanía.
La ruta tiene una distancia aproximada de 7,6 kilómetros ida y vuelta, con un desnivel prácticamente inexistente y una duración inferior a dos horas, lo que la hace especialmente apta para familias con niños. Además, en la zona de acogida del galacho se encuentran áreas de descanso con bancos, fuentes, aseos accesibles y un parque infantil, que permiten hacer pausas cómodas y seguras durante el paseo.
Un aula al aire libre para toda la familia
El gran atractivo del Galacho de Juslibol reside en su diversidad. Aquí conviven varios ecosistemas: el bosque de ribera, la estepa seca de los escarpes y las lagunas artificiales que se formaron en los años 70 con la extracción de áridos. Estas lagunas, hoy totalmente naturalizadas, son un auténtico refugio para la avifauna, donde se pueden observar garzas, martinetes, milanos o incluso el llamativo martín pescador. La presencia de zorros, jabalíes o tejones completa un entorno donde la vida silvestre se percibe a cada paso.
El Centro de Visitantes, situado en la entrada del espacio, es una parada obligatoria para quienes deseen comprender mejor la historia geológica y ecológica del galacho. Allí se ofrecen materiales didácticos y actividades educativas que convierten la visita en una experiencia enriquecedora, especialmente para los más pequeños. Además, durante el recorrido se encuentran paneles informativos que explican la formación del galacho, la flora característica y la importancia de conservar este humedal periurbano.
Las vistas desde los escarpes ofrecen un panorama espectacular del valle del Ebro y recuerdan la fuerza del río a lo largo de los siglos. Caminar entre los sotos de ribera, con el murmullo de las aves y el agua cercana, supone una experiencia sensorial y relajante, muy distinta a la rutina urbana.
La ruta es cómoda y segura, aunque conviene llevar agua, calzado adecuado y protección solar en los meses más cálidos. El camino principal está restringido para bicicletas y siempre se da prioridad al peatón, lo que garantiza un paseo tranquilo para quienes lo realizan con niños pequeños.

