Sabado, 12 de Junio de 2021

La Catedral de Huesca es una de las principales piezas patrimoniales de la ciudad. Es un templo gótico que se asienta sobre los cimientos de la antigua mezquita mayor. Fue mandada construir por Jaime I en 1273 y se sitúa en el punto más alto de la localidad, junto al Ayuntamiento.

Aunque la mayor parte de la historia de este monumento se conoce y aparece en cualquier publicación, hay algunas curiosidades de la Catedral de Huesca no tan conocidas. Una de ellas es la representación de catorce personajes en su pórtico de entrada. Habitualmente, en estas estructuras se esculpe a los doce apóstoles pero en este caso, no sucede así. La realidad es que uno de ellos, Judas, no está representado. Junto a los once restantes, están también San Lorenzo, fácilmente reconocible porque lleva la parrilla en la que fue quemado, y San Vicente. A estos dos, patrones de la ciudad, les acompaña San Juan Bautista, completando así las 14 imágenes del pórtico.

Otro de los atractivos de la Catedral de Huesca es que se puede subir hasta su torre. El campanario es el punto más alto de la ciudad, desde el que se obtienen las mejores vistas. Y eso que, en origen, la estructura era todavía más alta. Pero cuando los republicanos sitiaron la ciudad, en 1936, se destruyó el tercio superior. En contraprestación, cuando se realizaron los trabajos de restauración, se construyó una terraza que actualmente es un mirador privilegiado.

Subir hasta arriba es posible, basta con hacer frente a 180 escalones. El acceso va incluido en las visitas guiadas que se ofrecen del templo. Son con cita previa y las organiza el Museo Diocesano, al que también se puede acceder. La catedral se puede visitar, asimismo, por libre, en horario de 9.00 a 13.30 y de 16.30 a 18.30, siempre que no haya celebraciones en el altar mayor.

Una vez en el interior, de la Catedral de Huesca destaca el retablo mayor, uno de los mejores ejemplos de la escultura renacentista española. Representa la Pasión de Cristo y lo esculpió en alabastro el valenciano Damián Forment, autor entre otras muchas obras del retablo mayor de la basílica del Pilar de Zaragoza

En general, es un templo de atmósfera diáfana. Desde la nave central, de mayor altura, surgen 14 capillas, más pequeñas. De entre todas, destaca la del Rosario, por su retablo gótico. Desde ésta, se accede a la sacristía antigua y de ahí al archivo de la catedral, donde se guardan libros desde el siglo XI.

Si la del Rosario destaca por su riqueza artística, la capilla de San Joaquín de la Catedral de Huesca lo hace por un fenómeno que pocos conocen. Se denomina asoleación y se produce cada año, a principios de marzo, en los días previos al equinoccio de primavera. En estas fechas, un rayo de sol penetra por una de las ventanas de la cúpula de la citada capilla e ilumina, como si de un gran foco se tratara, la talla de alabastro de la Inmaculada que remata la reja.

El efecto ilumina la corona de la virgen, sacando destellos de las piedras y cristales con las que se adorna. El espectáculo se puede ver los citados días pero no a cualquier hora. Solo sucede entre las 12.00 y las 12.30 y siempre que el sol tenga fuerza suficiente.

Por la leyenda que se cuenta sobre él, la capilla del Santo Cristo de los Milagros también es digna de atención. Se le conoce así por una actuación milagrosa que acabó con la peste en la ciudad en el siglo XV. La epidemia asolaba Huesca y el 12 de septiembre de 1497 se sacó la imagen del santo en procesión. La tradición oral cuenta que de él brotaron gotas de agua y, con ello, cesó la mortandad. En los últimos años, sobre esas fechas, se repite esta tradición. El pasado 2020, se adelantó al mes de marzo para bendecir Huesca no contra la peste, sino contra el COVID-19.

Desde siempre, la sede de la Diócesis de Huesca ha estado en la catedral. Por ello, actualmente, este templo guarda un importante patrimonio documental que se puede visitar. Estas muestras se exhiben en el Museo Diocesano, situado en el antiguo claustro y palacio episcopal de la Catedral de Huesca. 

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