Martes, 07 de Diciembre de 2021

La plaza de Aragón es una de las principales plazas de la capital aragonesa. Nexo de unión entre el Paseo de la Independencia y la Plaza Paraíso, la Plaza de Aragón ha vivido importantes transformaciones (y no para bien) en las últimas décadas.


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Porque de ser un espacio ajardinado, y lleno de preciosos palacetes, hoy es una plaza flaqueada por fríos y altos edificios que solo tienen algo de gracia gracias a los soportales que permiten dar cierta continuidad visual a Independencia.

Plaza de Aragón

Los edificios modernos y sin personalidad han sustituido a los antiguos hotelitos / HA

De los tiempos pasados, tan solo nos queda Capitanía, y el edificio que aloja el restaurante Nobodabo, y hasta hace unos años, el mítico restaurante La Mar. Del resto, nada queda tras ser derribados a finales de los años 70.

EL NACIMIENTO DE LA PLAZA DE ARAGÓN

La historia de la plaza de Aragón podría ser el reflejo del urbanismo de esta ciudad a lo largo de las décadas. Un espacio elegante y cuidado que ha perdido todo su encanto por culpa de la arquitectura salvaje y de la falta de sensibilidad hacia esos edificios y espacios que un día embellecieron la ciudad.

Plaza de Aragón

La plaza de Aragón estaba lleno de hotelitos en los que vivía la burguesía / HA

 

La plaza de Aragón surgió a comienzo del siglo XIX, cuando se urbanizó la vieja Glorieta de Pignatelli. Y en ese momento, la plaza, que estaba ajardinada, estaba llena de encantadores hotelitos levantados por la burguesía zaragozana para vivir, residencias unifamiliares y urbanas con las que pretendían imitar el estilo de vida de la vieja nobleza. Edificios que desaparecieron tan solo un siglo más tarde (probablemente, todavía recordaréis el último edificio que se demolió, para construir la torre en la que actualmente se ubica la Librería General).

Plaza de Aragón

Plaza de Aragón nº 7 (Fernando de Yarza, 24 de enero de 1891) [A.M.Z.] / Isabel Yeste Navarro

El espacio de la actual plaza surgió al trasladarse la puerta de Santa Engracia hacia el Huerva. En 1859, se levantó en el centro de la plaza un monumento a Ramon Pignatelli diseñado por Antonio Palao. Y allí estuvo, hasta que en a comienzos del siglo XX se decidió instalar en este espacio el Monumento al Justicia de Aragón ( de Félix Navarro). Entonces, el monumento a Pignatelli al parque que lleva su nombre.

En este mismo lugar se celebró en 1868 la Exposición Aragonesa, y tras ser clausurada, fue cuando comenzó a desarrollarse la plaza. El proyecto de reparcelación de la zona lo redactó el arquitecto municipal, Segundo Díaz, en 1874. Y el plan pretendía convertir el entorno de la plaza en el barrio más bonito de España.

Plaza de Aragón

La plaza de Aragón estaba llena de hotelitos en los que vivía la burguesía zaragozana / AZ

En 1881, el omnipresente arquitecto Ricardo Magdalena redacta un nuevo plano, fijando las condiciones que debían tener los inmuebles que se construirían. Con la construcción del monumento al Justiciazgo en 1904, la plaza cambiaría de nombre, pasando a denominarse Plaza de Aragón.

Y en ese momento comenzaron a levantarse los preciosos hotelitos, que realmente eran viviendas unifamiliares con jardín, construidos por algunos de los arquitectos de moda del momento, como el propio Ricardo Magdalena, o Fernando de Yarza o Félix Navarro.

Plaza de Aragón

La plaza de Aragón, vista desde una de las puertas de la ciudad / AZ

Cada casa podía seguir el capricho de sus dueños, y solo tenían como limitación limitar cada propiedad con una verja de hierro diseñada por Ricardo Magdalena que se ciñera a la forma elíptica de la plaza, y a dejar un espacio de al menos 10 metros entre dicha verja, y la fachada del edificio.

Lamentablemente, entre 1978 y 1979, fueron derribados casi todos estos edificios que daban un aire elegante a la plaza de Aragón, para ser sustituidos por grandes e impersonales bloques de diez alturas. Tan solo se salvaron de los derribos el edificio de Capitanía, y el edificio situado en el número 12 de la plaza, aunque muy transformado.


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Tiempo antes también desaparecieron los jardines, transformándose en carriles para vehículos que comunicaban Paraíso e Independencia, y posteriormente, en las vías del tranvía que atraviesa la ciudad uniendo el Actur con los nuevos barrios del sur.

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