Martes, 04 de Agosto de 2020

El Archivo Municipal de Huesca ofrece a todos los amantes de la historia un viaje hasta 1651, año en el que una fuerte epidemia de peste asoló la ciudad. Durante los años 1651 y 1652, la ciudad puso en marcha todo tipo de recursos para atajar esta epidemia, en la que además se encuentra el origen del Tota Pulchra.

Toda la documentación histórica, incluso archivos inéditos, se puede consultar en la web municipal en este enlace, informa el consistorio oscense en una nota de prensa.


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Entre los documentos que se pueden ver en esta documentación especial preparada por la archivera municipal, María Jesús Torreblanca, se encuentra el “Pregón de Aislamiento”, en el que la ciudad establece la expulsión de los llegados de otras tierras y prohíbe a los oscenses salir de la misma. No tiene fecha concreta, pero está recogido en un libro de actas de los años 1651 y 1652.

También se puede acceder a documentación que explica cómo, una vez desencadenada la infección, la ciudad reacciona recurriendo a sus médicos y a sus estructuras sanitarias y endureciendo sus medidas de aislamiento: alejamiento de las personas, vigilancia de las fuentes de agua potable, cierre de escuelas…

Incluso hay archivos que reflejan normas para atender a los enfermos, otros que señalan la necesidad de desinfectar la ropa de cama e incluso se pueden ver documentos de los boticarios en los que explican con qué principios elaboraban los medicamentos.

Poco a poco, la enfermedad fue cediendo. Como explican desde el Archivo Municipal gracias a toda la documentación que se conserva, la magnitud del mal y la impotencia de los hombres ante la peste obligaron a recurrir a la intervención divina. Al final, un juramento de fidelidad a la Inmaculada en 1651 cerró el proceso de la ira de Dios. En esta intervención divina está, precisamente, el origen del Tota Pulchra.


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En realidad, el contagio se dará por acabado de forma oficial el 13 de abril de 1652, pero las procesiones y las acciones de gracias ya habían comenzado anteriormente. El acto de conclusión de esta epidemia tiene lugar el 29 de agosto de 1652, cuando se manda celebrar solemnemente, como un día de difuntos adelantado, el funeral por todas las víctimas de la pestilencia.

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