Viernes, 12 de Agosto de 2022

El 4 de octubre de 1994 se inauguraba “contra viento y marea” lo que en palabras del actual gerente de Zaragoza Cultural, David Lozano, es hoy “el buque insignia de la cultura en nuestra ciudad”.

Al timón, Miguel Ángel Tapia. Respaldado por un equipo humano de una cualificación profesional más que sobresaliente -responsable de eventos, regidores, técnicos de sonido y luces, responsables de sala, conserjes, producción, etc- ha situado al Auditorio en el ranking de los mejores espacios culturales de España y Europa.


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La ceremonia de botadura tuvo su inicio con una de las obras más famosas del canon musical, La Novena sinfonía de Beethoven (Viena, 1824) que incluye la Oda a la Alegría (An die Freude Schiller 1785), conocida en su tiempo como “La marsellesa de la Humanidad”.

La Orquesta Nacional de España y un elenco de solistas aragoneses, entre los que podemos destacar al internacional Santiago Sánchez Jericó, fueron los protagonistas de esta inauguración.

Contra todo pronóstico y con severas críticas provenientes de determinados sectores, cultura y política aunaban esfuerzos para situar a Zaragoza en el mapa cultural español. El objetivo consistía en dotar a Zaragoza de una infraestructura cultural “a imagen y semejanza de otras ciudades españolas como Valencia, Santander y años antes Granada” apunta Miguel Ángel.

Impulsado por el entonces concejal de cultura Luis García Nieto se iniciaron los trámites para construir el Palacio de Congresos de Zaragoza. El proyecto se encargó a José Manuel Pérez Latorre que diseñó una propuesta arquitectónica pionera en España por su versatilidad y adaptación espacial a todo tipo  de espectáculos musicales, congresos, convenciones, exposiciones sectoriales, grandes reuniones de empresa, ferias, actos políticos y sociales.


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En estos 25 años numerosos artistas de primera fila han pasado por el Auditorio, Kiri Te Kanawa, Lorin Maazel, Teresa Berganza, Daniel Barenboim, Jordi Salvall o la Berliner-philharmoniker. Todos ellos han calificado la Sala Mozart como una de las mejores salas de conciertos del mundo. Ricardo Muti expresó su admiración con estas palabras: “La Sala Mozart es el instrumento que me llevaría siempre en mis giras”.

El 4 de Octubre de 2019 volverá a sonar en la sala Mozart la Novena sinfonía en re menor op. 125 de Beethoven, fetiche sonoro europeo. En esta ocasión será interpretada por un elenco de artistas aragoneses. En la primera parte el público podrá disfrutar de la obra para orquesta de cuerda Cantos de Pleamar (2013) del compositor aragonés Antón García Abril.

La propuesta pretende mostrar a nuestra “Siempre Heroica e Inmortal” el resultado del trabajo de estos 25 años y la importancia del auditorio como medio de transformación social y de elevación del nivel musical y cultural de la escena artística local.

La formación sinfónica elegida ha sido la Orquesta Reino de Aragón con Sergio Guarné al frente, un proyecto profesional con sello aragonés. Junto a la ORA, el Coro Amici Musicae, modelo y referencia de trabajo en el mundo coral español y apuesta personal de Miguel Ángel Tapia.

El cuarteto vocal de la sinfonía está integrado por los aragoneses Vanesa García (soprano), Beatriz Gimeno (mezzosoprano), Isaac Galán (barítono) y Pablo Puértolas (tenor) discípulo del antes mencionado Santiago Sánchez Jericó.


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Estos 25 años de trabajo han generado un nuevo entorno musical. Como espacio de creación artística el Auditorio ha favorecido la industria cultural y ha tejido una sólida red de actividades musicales. Impulsor de proyectos, plataforma de exhibición de promotores, empresas y artistas de espectáculos. Dinamizador económico a través de las 10 ferias estables que se desarrollan en la sala Multiusos y generador de un beneficio intangible, la proyección internacional de la ciudad.

Cada temporada el Palacio de Congresos acoge una media de 450.000 espectadores/visitantes. Con un presupuesto anual de 3.800.000 €, 2.000.000 € (el 53%) son de recursos generados por el propio Auditorio (abonos, entradas y alquileres).

Este cuarto de siglo de programación -destaca Miguel Ángel- han transformado lo excepcional en cotidiano, lo extraordinario en habitual. “Largo al factótum —cultural— della città˝.

*Esther Ciudad es organista y gestora cultural

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