Miércoles, 28 de Octubre de 2020

Es la palabra de moda en los establecimientos de nuestros barrios. O te digitalizas o no estás, dicen. Y nunca una frase es tan real como la vida misma, y más en medio de una pandemia que limita nuestra capacidad de acudir físicamente a los comercios tradicionales de nuestro entorno. 

Los datos ejemplifican la realidad actual: El peso del e-commerce sobre el total del consumo paso de representar el 28% (2 de marzo) a constituir el 74% (a fecha 29 de marzo), según el informe El camino de la recuperación de la industria de Consumo’.


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Y más allá de la situación sanitaria por la pandemia del COVID-19. La evolución de Internet ha supuesto un cambio radical en los últimos años para el comercio. Los grandes impactos económicos y sociales en la actividad económica han cambiado los hábitos de compra a un ritmo vertiginoso. Lo cual, ha debilitado al pequeño comercio por su menor capacidad para adaptarse a un entorno complejo, veloz y global.

Y al final, como en casi todo, el cliente decide. Es el consumidor el que tiene el poder en un entramado de relaciones económicas tan capilar como la misma sociedad. En los tiempos que corren, un smartphone es el mundo al que tenemos que acercarnos. Ahí está todo: una plataforma de e-commerce, un vídeo en directo en las redes sociales o una alerta informativa.


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Pero en toda esta dinámica de incertidumbres, cambios, adaptaciones o dudas sobre el entorno digital, hay pequeños comercios de la ciudad de Zaragoza que sí han sabido estar al día en las exigencias del consumidor.

Es el ejemplo de Jesús, de Frutas Olmos, quien entiende que las redes sociales o la página web “es parte del negocio en los tiempos que vivimos” aunque haya tenido que adaptarse poco a poco para manejarla con soltura. Concretamente, desde hace cuatro años empezaron a digitalizar su negocio y, según cuenta Jesús, “ha sido un empujón fundamental para darnos a conocer a gente que no hubiera venido nunca a comprar”.

De hecho, desde Frutas Olmos apuestan por dar visibilidad en las redes sociales a eventos deportivos que incentivan la vida saludable lo que les ha llevado a tener un público que busca ese contenido y, a su vez, conoce sus productos para terminar comprándoles.


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En la Carnicería Hnos Pueyo, ubicada en el Mercado Central de Zaragoza, es David quien no duda de la importancia de la digitalización de un pequeño negocio comercial. “En Instagram te escriben clientes todos los días preguntándote por el producto que tienes, los precios o si podemos enviárselo a otro punto de la ciudad”, reconoce David.

“Tengo clientes que nunca habían pisado el Mercado Central porque viven lejos del centro o son un público más joven, pero gracias a las redes sociales han venido a conocernos y suelen ser clientes habituales de otros tantos detallistas”, dice.

Y lo que no deja de recalcar David, de Hnos Pueyo, es que digitalizar un negocio no es ni una moda ni un gasto, sino una inversión porque “el dinero vuelve en poco tiempo”.

Lo mismo piensa Lorena, de Pescados Fernández: “La repercusión comercial después de abrirnos al mundo digital es muy positiva. Y por la situación sanitaria, la compra online o vía Whatsapp nos ha hecho avanzar muchísimo”.

Como suele pasar en la gran mayoría de los comercios tradicionales, y también confirma Lorena, “no hemos tenido otro remedio que adaptarnos a lo que el cliente buscaba“. Lo que le ha llevado a tener nuevos clientes de otros barrios que por vender a domicilio o atender por Whatsapp no dudan en recorrer varios kilómetros, gracias a la atención personalizada y accesible de Pescados Fernández.


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La experiencia de Pedro, de Pescadería Pedro, ubicada en el Mercado Central de la capital aragonesa es más que satisfactoria con el uso de las redes sociales. “Hemos conseguido un volumen de clientes más grandes enfocado a un público más joven que son los que les costaba venir más al mercado“, explica.

En cuanto a la dificultad por empezar con la digitalización de la Pescadería, reconoce que es costoso al inicio pero el esfuerzo da sus frutos. “Subimos vídeos diarios de la oferta que tenemos y la gente te pregunta en redes sociales sobre el genero: tanto precio como el envío”, dice. Y sin distinguir entre canales: un cliente ve un vídeo del producto fresco del día de Pescadería Pedro y termina por contratar un pedido vía Whatsapp en menos de 5 minutos.

Aunque no todo son ventajas en Internet, cierto. La llegada de las redes sociales o el acceso web han cambiado la forma de consumir en pocos años. Pero, sin duda, es la oportunidad para el comercio tradicional. El único requisito para adaptarte al nuevo entorno digital desde un comercio tradicional es apostar por lo que el consumidor demanda.

Cada día, en Zaragoza o en cada rincón de Aragón, decenas de empresas tradicionales deciden iniciar su propia web o el uso de redes sociales para captar a sus futuros clientes en un mercado cada vez más competitivo. No hay tiempo que perder para conseguir ser un comercio tradicional, y también digital.

*Nota del editor: El objetivo de este reportaje en colaboración con Mercazaragoza es dar un apoyo al comercio detallista aragonés para que apueste por la digitalización.

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