Domingo, 29 de Enero de 2023

Entre redobles de tambores del ejército castellano y con una Zaragoza vacía y en silencio, un 20 de diciembre de 1591 el Justicia Mayor de Aragón, Juan V de Lanuza, era ajusticiado en la plaza del Mercado por orden de Felipe II.


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Juan de Lanuza, conocido como el Mozo, nació en 1564. Y ocupó un cargo que había ya sido ejercido previamente por muchos miembros de su familia; entre ellos, su propio padre, Juan de Lanuza el Viejo. El Justicia Mayor era de una de las instituciones históricas del Reino de Aragón, encargado de velar por el cumplimiento de los Fueros aragoneses. Y precisamente, ese fue el motivo p0r el que el rey Felipe II ordenó ejecutar al joven Justicia en los últimos años del siglo XVI.

LAS ALTERACIONES DE ARAGÓN

Juan de Lanuza

La ejecución de Lanuza, vista por Eduardo López del Plano / DPZ

Durante el mandato del Justicia se produjo un conflicto entre Felipe II y su secretario, el aragonés Antonio Pérez. El secretario del monarca fue encarcelado tras ser acusado de asesinar en 1578 a Juan de Escobedo, secretario de don Juan de Austria, aunque hay fuentes que afirman que fue el propio rey quien estuvo detrás de esa muerte.

En 1590, Pérez escapó de la cárcel madrileña en la que estaba recluido y huyó al Reino de Aragón, y acogiéndose a su condición de aragonés, se acogió al privilegio de la Manifestación. Un privilegio que le permitía escapar de la justicia del rey para colocarse bajo la jurisdicción del Justicia de Aragón.

En 1591 el monarca intenta saltarse la protección del Justicia, y el marqués de Almenara, por orden de Felipe II, acusa de Antonio Pérez de herejía y lo encierra en el palacio de la Aljafería, donde estaba la cárcel de la Inquisición. Este tribunal sí que tenía jurisdicción en Aragón, y al acusarlo de herejía, el monarca esquivaba las limitaciones que los fueros imponían al poder real.

Pero en un Aragón alterado política y socialmente por la conducta absolutista del rey, la decisión de Felipe II no sentó nada bien, especialmente entre los sectores más foralistas. Aprovechando el descontento, en Zaragoza hubo un motín popular que liberó a Pérez al considerar que su encarcelamiento era contrario a los fueros. El secretario del rey se puso de nuevo bajo la protección foral. Así comenzaron las alteraciones de Aragón.

Ante esta situación, al monarca no le tembló el pulso y organizó un ejército de 10.000 soldados castellanos comandados por Alonso de Vargas para sofocar la rebelión. El Justicia Mayor de Aragón, Juan de Lanuza, convocó a diputados, nobles y concejos para defender al reino de la invasión del ejército castellano, a la vez que advertía al monarca que necesitaba el consentimiento de las Cortes de Aragón para que sus tropas pudieran entrar en territorio aragonés.

Una advertencia que evidentemente, Felipe II obvió. Así, el ejército castellano penetró en Aragón, dispersando en Utebo y Épila a las tropas aragonesas lideradas por el propio Justicia, y por miembros de la nobleza como Luna, Aranda y Villahermosa, fue dispersada en Utebo y Épila.

LA EJECUCIÓN DEL JUSTICIA

En noviembre, las tropas castellanas entraron en Zaragoza sin resistencia. El Justicia fue detenido, y condenado a muerte sin juicio por orden del rey, en una jornada marcada en negro para la historia de Aragón. La persona que encabezó la defensa de las libertades forales aragonesas murió decapitada en la plaza del Mercado (junto al actual Mercado Central) por “levantar banderas contra el rey”. Cuentan las crónicas que a la ejecución no acudieron zaragozanos; tan solo asistieron las tropas castellanas que habían ocupado la ciudad.

Juan de Lanuza

Lanuza en el cadalso, de Victoriano Balasanz y Sánchez / Ayto. Zaragoza

“Se hizo pública la sentencia del justicia y envolvió en luto y en silencio toda la ciudad. Y desde aquella casa hasta el cadalso fue llevado con pregones, en que decían que el rey le mandaba cortar la cabeza, derribar sus casas y castillos y confiscar su hacienda“. Su cabeza fue expuesta de forma pública como muestra de lo que sucedía cuando alguien se atrevía a desafiar al monarca.

Antonio Pérez huyó a Francia, y luego a Inglaterra (donde además de dar información valiosa sobre España, ayudó a crear la leyenda negra). Villahermosa y Aranda fueron conducidos a prisión, y en octubre del año siguiente, se producirían más ejecuciones en Zaragoza, o en ciudades que habían seguido la causa del Justicia, como Teruel y Albarracín.

Pero esas no fueron las únicas consecuencias. Felipe II convocó en 1592 a las Cortes de Aragón en Tarazona, imponiendo una serie de reformas que limitaban claramente la acción política del reino, al quedar abolida la libertad de imprenta, o prohibir que los diputados pudieran convocar a concejos o particulares sin  autorización real.

Además, el rey pidió un servicio de 700.000 libras jaquesas (una cantidad ingente de dinero teniendo en cuenta las escasas fuerzas que tenía el Reino en ese momento), dejó claro que tenía libertad absoluta para nombrar al virrey, y se concedió así mismo el poder de revocar en cualquier momento el nombramiento del Justicia Mayor; una decisión que acabó con el amparo de esta figura y con el mayor símbolo de los privilegios aragoneses.

En la actualidad, en Zaragoza hay varios lugares que recuerdan la figura del Justicia Juan de Lanuza. El primero, en la iglesia de Santa Isabel de Portugal o de San Cayetano, situada en la Plaza del Justicia. Allí se encuentra una urna con los restos de Lanuza, ocupando un lugar de honor junto al altar mayor del templo.


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Mucho más visible, en la céntrica plaza de Aragón se levanta un monumento al Justiciazgo inaugurado en 1994 y construido por el arquitecto Félix Navarro, y por el escultor Francisco Vidal y Castro. Además, en uno de los laterales del Mercado Central de Zaragoza hay una placa que recuerda la ejecución en ese lugar del Justicia a manos de las tropas castellanas.

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