Miércoles, 10 de Agosto de 2022

Pedro IV El Ceremonioso fue uno de los monarcas más importantes en la historia de Aragón. Además de extender la Corona de Aragón hasta Atenas y Neopatria, este monarca culto y con grandes habilidades diplomáticas vivió en una época de conflictos constantes y estableció el ceremonial que marcaba la coronación de los reyes aragoneses en la Seo, con un libro de ceremonial que además de ser uno de los más ricos en la Europa del momento, fue fuente de inspiración para otras monarquías.


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Pedro IV nació en 1319 en Balaguer, Cataluña, aunque pasó su niñez y su juventud en Aragón. Y de ahí su cariño por el viejo reino. Hijo de Alfonso IV y de  Teresa de Entenza, el príncipe Pedro sucedió a su padre como rey de Aragón en 1336 jurando los fueros y privilegios aragoneses en la Seo. Ya antes de ascender al trono, el príncipe aragonés tuvo que ejercer de lugarteniente del reino de Aragón a causa de una enfermedad de su padre, siendo apoyado por el influyente arzobispo de Zaragoza Pedro López de Luna.

Pese a ese amor por el reino, Pedro IV tuvo que enfrentarse a nobles y ciudades que se levantaron en la Unión. Allá por 1347, y tras dos matrimonios, Pedro IV solo tenía una hija, Constanza. Y para asegurar la continuación del linaje de los Aragón, y por si no tenía hijos varones, decidió nombrarla heredera al trono rompiendo la tradición sucesoria de la Corona de Aragón. Ante este nombramiento, el hermano del rey, el infante Jaime, vio lesionados sus derechos a la corona y aglutinó en torno a su causa a un buen número de nobles aragoneses y valencianos que se levantaron en armas y resucitaron la Unión. Junto a los nobles, numerosas ciudades del reino se pusieron del lado de la Unión.


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En un principio, y ante la fuerza de los sublevados, Pedro IV cede y jura los viejos privilegios de la Unión en la Cortes de Zaragoza de 1347 y de Valencia en 1348. Pero el 21 de julio de 1348, el monarca se impone ante los levantiscos en la batalla de Épila. Una batalla que supuso el fin de la Unión y de los Privilegios que otorgaban un gran control a los monarcas.

UN REINADO EN EXPANSIÓN QUE LLEGÓ A ATENAS Y NEOPATRIA

Pedro IV de Aragón

Durante el reinado de Pedro IV Atenas se incorporó a la Corona de Aragón / HA

​Durante el reinado de Pedro IV, las fronteras de la Corona siguieron ampliándose recuperando territorios que se habían perdido a causa de las políticas sucesorias. El monarca aragonés se marcó como objetivo fortalecer la Corona de Aragón en el Mediterráneo, centrando sus esfuerzos en la recuperación de los reinos que eran gobernados por príncipes de la Casa de Aragón por repartos sucesorios.

Así, Pedro IV se anexionó las Baleares en 1343 (gobernadas por su cuñado Jaime III de Mallorca), y el Rosellón y la Cerdaña en 1344. Los dominios mediterráneos de la Corona también se expandieron más allá del Reino de Mallorca, ya que gracias a una expedición de los almogávares incorporó a sus dominios los ducados de Atenas y Neopatria. Una ocupación que duró 70 años, y que permitió que la señal de los reyes aragoneses ondear sobre el Partenón.

El propio Pedro IV, dando muestra de su amor por la cultura clásica, ordenó que este templo ateniense estuviera siempre guarnecido por once ballesteros. Precisamente, en recuerdo de esos momentos históricos, en 2012 se colocó en la Acrópolis una placa conmemorativa con unas palabras dichas por Pedro IV en 1380: “El Castillo de Atenas es la joya más preciada del mundo, tal que apenas todos los Reyes Cristianos juntos podrían construir uno igual“.

En Cerdeña también tuvo que intervenir para acabar con las rebeliones antiaragonesas promovidas por Génova. Para acabar con esa situación, Pedro IV se alió con la república de Venecia, venciendo a la flota genovesa en Constantinopla en 1352 y en Alguer en 1353. Después, desembarcó en Cerdeña, sometiendo a los rebeldes. El Ceremonioso también intentó recuperar Sicilia contrayendo matrimonio con Leonor de Sicilia, convirtiéndose en heredero del reino. Con este matrimonio se solucionó el problema sucesorio al nacer los futuros reyes Juan I (1350) y Martín I El Humano (1356). Además, para sortear la oposición papal y de Francia al dominio aragonés en Sicilia, Pedro IV reforzó los derechos de la casa de los Aragón al trono concertando la boda de su nieto Martín con la reina María de Sicilia en 1379.

LA PESTE Y LA GUERRA DE LOS DOS PEDROS ENSOMBRECIERON SU REINADO

Pese a los logros y al esplendor de buena parte de su reinado, el monarca también tuvo momentos de crisis. Sin duda, el hecho que causó más impacto fue la peste negra que azotó el continente y que también llegó al reino, provocando una mortandad tan alta que acabó con más de la tercera parte de la población aragonesa, con la consiguiente crisis económica y demográfica.

Junto a la peste que azotó a Europa desde 1348, Pedro IV tuvo que afrontar entre 1356 y 1367 la Guerra de los Dos Pedros, entre Aragón y Pedro El Cruel de Castilla. Una guerra que fue paralela a la guerra civil castellana (en la que Aragón apoyaba la candidatura al trono de Enrique II de Castilla frente a Pedro El Cruel), y que puso en peligro las conquistas de los últimos 500 años.

De hecho, la guerra supuso la ocupación durante varios años por parte de las tropas castellanas de ciudades como Tarazona, Borja o Calatayud. La propia Zaragoza llegó a correr peligro de ser conquistada por los castellanos. Finalmente, la guerra terminó en 1375 con la paz de Almazán, sin que hubiera un vencedor claro del conflicto, ya que Castilla no pudo hacerse con Alicante, ni Aragón consiguió hacerse con Murcia.

Pedro IV de Aragón murió en 1387 en Barcelona, después de haber nombrado heredero a su hijo el infante don Juan, y tras haber devuelto el empuje mediterráneo a la Corona, y haber dejado libros de ceremonial que marcaron la tradición para que los reyes de Aragón fueran coronados en la Seo de Zaragoza.

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