Lunes, 08 de Agosto de 2022

La rotura del Torico de Teruel al caer de su pedestal el domingo 19 ha puesto de manifiesto las muchas dudas y las pocas certezas que sobre tan emblemática escultura existen. Hasta tal punto de que se va a realizar un exhaustivo estudio sobre su origen, historia y composición, y se va a hacer una réplica en bronce mientras se restaura el roto.


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Una vez comprobado por los técnicos del Museo de Teruel de que está hecho de hierro colado y no de bronce como siempre se había creído, surge la duda sobre si es el auténtico o se trata de una copia o réplica. Un informe del Museo de Teruel, encargado por el arquitecto municipal en 1994 para evaluar el estado de conservación de la escultura, sostiene que el Torico actual es el mismo desde al menos 1909, año de la primera fotografía.

Es decir el que ya estaba antes de la Guerra Civil y no era de bronce, lo que contradice la hipótesis de que fue cambiado durante la contienda. El informe, del que se ha hecho eco el Diario de Teruel, estaba acompañado de una propuesta de intervención. Para observar la pieza se utilizó una grúa de los servicios municipales.

El estudio se entregó al Ayuntamiento aunque en aquel momento no se hizo nada sobre la escultura. La intervención se llevó a cabo nueve años después, en una limpieza realizada en 2003, cuando se hizo nueva la peana o pie de la escultura, aunque el Museo solo intervino porque el tratamiento que se le estaba dando no era el adecuado. En el informe se detalla que la materia del que está hecho es hierro y en aquel análisis se observaron restos de pintura verde.

Para su fabricación se detectaron piezas en el pecho y en ambos lados de la falda y se consideraba que había que hacer un examen más directo que profundizara en el sistema de fabricación. Para elaborar dicho informe, el Museo acudió a los documentos históricos y no se encontró ninguno en el que se mencionara de forma directa en qué momento se instaló el Torico en la fuente actual. La fuente que se situaba más cerca del Tozal era del siglo XVI y se sabe que existía todavía en el XVIII con un toro de bronce dorado con una estrella en las astas.


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Esta descripción que hizo un autor anónimo ha transcendido en el tiempo y hasta hoy en día en el imaginario colectivo todavía se creía que de ese es el material del toro de la plaza, aunque esté en otro emplazamiento. No se sabe cuándo se colocó por primera vez el toro a la actual fuente, pudo ser en 1858, cuando su construcción. La primera documentación procede del año 1909 en una fotografía de Jaime Fernández Fuertes con motivo del Día de la Vaquilla, donde el Torico mira hacia el sur. En 1932 se realizó un proyecto que pretendía suprimir la fuente pero finalmente se mantuvo en una nueva obra que se entregó el 27 de julio de 1933.

EL TORICO EN LA GUERRA CIVIL

De la Guerra Civil se conserva la imagen del Torico, bajada de su columna y junto a unos soldados. El informe de 1994 considera que la figura analizada era la misma descrita en 1909 y la misma que se pudo ver en 1969 en el Ayuntamiento mientras se realizaban unas obras. Según el referido estudio, el estado de conservación que presentaba hace 28 años era el de un núcleo metálico sano y “aparentemente” la materia era compacta. La superficie mostraba un revestimiento color verde, con trazas azules en algunos puntos.

El revestimiento le debió proteger durante mucho tiempo. “Seguramente con su aplicación se intentaba dar un aspecto parecido al del bronce cuando es cubierto por una pátina que debe su color a los productos de corrosión del cobre”, se indica el informe del Museo de Teruel. En las “abundantes” zonas donde no aparece esa patina se identifica óxido. La textura es irregular y en la zona situada en el lomo del toro el núcleo metálico quedaba al intemperie.

En 1994 se apreció que no había procesos de corrosión importantes por lo que se consideraba que su estado de conservación era bueno dada la naturaleza inestable del hierro. El informe era provisional y se consideraba fundamental un revisión más en profundidad. Se advertía que la convivencia de zonas protegidas y superficies metálicas limpia podrían desencadenar la corrosión.


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Para su tratamiento el informe del Museo de Teruel recomendaba eliminar los restos de pátina y productos de corrosión en seco, desengrasar, aplicar un inhibidor para reducir los riesgos de corrosión, secado y protección aplicando resina acrílica y cera.

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