Lunes, 08 de Agosto de 2022

Cuando Rusia comenzó la invasión de Ucrania, Laura Solanas estaba de viaje con unas amigas, visitando ciudades polacas en el país donde está estudiando Derecho de Erasmus. “Nuestros padres nos llamaron ¡Volver, volver! Nos decían. Pero les dijimos que a Polonia no había llegado la guerra y decidimos quedarnos. Somos más útiles aquí que en España”, explica Laura. Este grupo de jóvenes de 21 y 22 años, entre los que hay cerca de una decena de aragoneses, decidió seguir estudiando en Polonia y, en su tiempo libre, ayudar. “Estamos en Rzeszów, a unos 100 kilómetros de la frontera con Ucrania. Aquí llegan los refugiados, están dos días, y son repartidos por el país y otros países europeos”, cuenta Laura. 

Los Erasmus aragoneses dedicados en la ayuda a refugiados de la guerra de Ucrania / Cedida

No sabían a dónde ir para echar una mano hasta que un día un compañero de Laura enfermó y fue al hospital. “Cuando llegó nos contó que estaban llegando mujeres y niños ucranianos y los tenían en el hospital de la ciudad en la que estudiamos“, recuerda Laura. El pasado lunes se pusieron manos a la obra, no solo yendo al hospital para acompañar a las madres que llegan con sus hijos, sino para recaudar fondos y darles comida, medicinas o ropa. “Tenemos una cuenta de bizum en el móvil y en un día hemos llegado a recaudar 10.000 euros”, admite con orgullo.

“¿EN ESPAÑA TAMBIÉN ESTÁN BOMBARDEANDO?”

Unos compran, otros lo llevan y organizan, y otro grupo lo distribuye. Laura suele ir por las tardes. “Las madres están agotadas y los niños se quedan solos. Nos quedamos con ellos, les cuidamos, jugamos…”, relata esta joven zaragozana de 22 años. Nos cuenta que ayer una niña de cinco años le hizo una pregunta a la que no pudo contestar. “¿En España también están bombardeando? Me preguntó. Le dije que no, y me dijo que les llevásemos a España”, recuerda sobrecogida.

Dos de las Erasmus aragoneses en los centros de refugiados / Cedida

Incluso cuenta que algún niño se ha puesto un chaleco como el que llevan ellos como voluntarios y les ha ayudado a clasificar comida y ropa. “Yo creo que ellos lo harían por nosotros si nos pasase lo mismo. No puedo explicarlo pero no podemos dejarles solos”, afirma Laura con rotundidad. El hospital de Rzeszów, a 100 kilómetros de Ucrania, alberga a 600 refugiados, en su mayoría mujeres y niños. Estos días está lleno. “Una de las cosas que estamos comprando últimamente on zapatillas de casa. Llegan con la botas tras haber andado por la nieve y no tienen calzado para descansar los pies”, dice Laura. 

Estos jóvenes aragoneses están dando ejemplo a más de 3.000 kilómetros de casa. “¿Con qué cara habríamos vuelto?”, se sinceran.

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