Jueves, 08 de Diciembre de 2022

Con las primeras nieves cayendo ya sobre el Pirineo, las estaciones de esquí comienzan a prepararse para el arranque de la temporada invernal. En Formigal, vecinos y comerciantes esperan la apertura de las pistas con ansia, pero también con miedo a que se repitan las molestias que los botellones y el turismo de borrachera producen en este bucólico rincón del pirineo Aragonés desde hace años.


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Porque Formigal, además de ser famosa por sus excelentes pistas de esquí, se ha convertido en sinónimo de fiesta. Marchica, la celebración de festivales como el que organizó el año pasado la influencer María Pombo el año pasado en esta zona de ocio, o la próxima inauguración de Roto, marcan esa tendencia que atrae a miles de jóvenes que llegan hasta Formigal atraídos por la combinación de esquí y fiesta.

En febrero del año pasado, el ayuntamiento de Sallent de Gállego ya pidió un refuerzo de la vigilancia policial para controlar la concentración de cientos de jóvenes en las puertas de los locales de ocio, o los botellones que se realizaban en pleno centro de la urbanización. Según denuncian vecinos y comerciantes, en la plaza del reloj se han llegado a celebrar macrobotellones de 400 o 500 personas.


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Vecinos y comerciantes también denunciaron vandalismo y problemas de ruido y suciedad provocada por el consumo de alcohol en la calle de esta zona residencial que depende administrativamente del ayuntamiento de Sallent de Gállego, una institución que pidió a la Subdelegación del Gobierno en Huesca un refuerzo de los efectivos de la Guardia Civil en la zona para controlar este problema.

Las concentraciones de jóvenes bebiendo en las calles se produce especialmente las noches de los viernes y losa sábados cuando finaliza la programación de apres-ski en Marchica. Una zona de ocio en la que las entradas se agotan rápidamente, lo que muchos jóvenes optan por trasladar la marcha al centro de la urbanización.

“Es una situación desesperante. Vienes a descansar, a disfrutar del esquí, y de la naturaleza, y te encuentras con decenas de personas bebiendo, gritando, ves comportamientos incívicos… en ocasiones han llegado a romper el mobiliario urbano”, señalan los residentes que han denunciado los hechos, y que temen que este año se repitan de nuevo con la llegada de nuevos lugares de ocio.

En este sentido, vecinos como Javier, propietario de un apartamento de la urbanización, denuncian que “aunque el apres-ski cierre pronto, la gente tiene ganas de marcha y se montan sus fiestas en la calle”. Además, los alquileres están desbocados. Vecinos afectados aseguran que hay personas que alquilan los apartamentos durante toda la temporada, y luego los sub alquilan a jóvenes que vienen en busca de fiesta. También hay familias que han decidido vender o alquilar sus propiedades por los problemas que tienen para dormir, o por las molestias que generan los jóvenes que entran y salen borrachos, o que organizan fiestas en los propios apartamentos que han alquilado.

Otro de los problemas de este turismo masivo con un fin social o de borrachera es el aumento de los alquileres, también a raíz del boom de Formigal como estación de esquí al calor de las inversiones y empuje que le está dando Aramón. Según fuentes del sector inmobiliario, “hay alquileres de pisos de menos de 80 metros, donde caben más de 6 o 7 jóvenes que buscan ir a esquiar y terminar de copas, que se alquilan por más de 1.000 euros la semana. Esto es insostenible para equilibrar los alquileres en otras épocas del año y están más que disparados”.


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Los comerciantes también se quejan de la situación. Por el ruido, la basura que aparece cada mañana en las puertas de sus establecimientos y por el vandalismo, pero también por el cambio de negocio. Si antes lo habitual era acabar de esquiar, y luego uno se daba un paseo por la urbanización, tomaban algo en un bar, se iba de tiendas… ahora ese modelo ha cambiado. La gente va directamente a las terrazas con dj y luego de botellón. Eso está afectando a la apertura de nuevos negocios y a la supervivencia de los mismos.


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Su preocupación es que este tipo de turismo termine por imponerse y espante al turismo familiar que llega a la urbanización de Formigal buscando un buen ambiente, y luego no puede dormir por la noche o llega al hotel y se encuentra una fiesta llena de universitarios.

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