Sabado, 19 de Junio de 2021

La llegada del COVID-19 (coronavirus) ha significado un cambio de paradigma en nuestras relaciones sociales, incluida la relación con la música.

Hasta ahora la producción de un espectáculo necesitaba un equilibrio entre artista, público y financiación económica. Un aspecto importante de este triunvirato es la relación entre el intérprete y el público.


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La comunicación entre ambos puede transformar el concierto en una experiencia más personal, más activa, favoreciendo así una recepción más completa. Otro aspecto fundamental es la inversión en el producto, que en la mayoría de los casos es directamente proporcional a la calidad del mismo. Un desequilibrio en esta relación podría conllevar caos y fracaso.

Analizando la situación desde la perspectiva de un programador, el público es el termómetro de la música. La media de edad del auditorio de los conciertos de música clásica según Montserrat Iglesias, está en torno a los 50 años, situación nada halagüeña para la clásica.

Analizando la situación desde la perspectiva del artista, en España y de forma general, la encuesta de población activa, -estadística oficial perteneciente al Plan Estadístico Nacional elaborada por el Instituto Nacional de Estadística- indica que el volumen de empleo cultural ascendió en 2018 a 690,3 mil personas.

Esto significa un 3,6% del empleo total en España en la media del periodo anual. Este Plan de Estadístico nos revela un dato muy destacable y reseñable para el sector; el empleo cultural se caracteriza también por una formación académica superior a la media, presentando tasas más elevadas de educación superior a las observadas en el conjunto nacional, 69,3% frente a 42,9%.


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El desánimo llega cuando analizamos las cifras de inversión del Estado Español en cultura. Los presupuestos de 2019 contemplaban una subida del 10% en la partida general para cultura. Sin embargo, desglosando las cantidades, la aportación para la industria cultural es de un 37;83 % pero, para la hermana pequeña de las artes —música y danza— un 0,97%. (Teatro Real: sube un 5,32 %. —Gran Teatre del Liceo: se mantiene. —Teatro de la Maestranza: sube un 34,13 %. Palau de les Arts: sube un 66,67 %.).

Los datos arrojan conclusiones trágicas para la música y las artes escénicas. Y si seguimos hurgando en la herida, vemos que las inversiones del Estado en Aragón, para Música y Artes escénicas, es cero. Auditorio de Zaragoza recibe únicamente financiación local con un impacto en la ciudad del 50% de la inversión.

La conclusión de los resultados de la Cuenta Satélite de la Cultura en España indican que el sector cultural aportó al PIB, en 2018 un 3,2% y obtuvo una financiación pública en términos de PIB del 0,06% por parte del Estado, un 0,10 % por la Administración Autonómica y un 0,28 % por la Administración Local.

Con esta situación de debilidad estructural, ¿cuál es el futuro de nuestros artistas y de la industria cultural con la actual situación de confinamiento absoluto?

La llegada del Coronavirus ha modificado de forma drástica la relación entre arte, música y público, y sin duda ha afectado de forma dramática a esta ecuación. Todas las actuaciones de artistas, músicos e intérpretes han sido canceladas y sin posibilidad, a día de hoy, de reubicarlas en el calendario.

Autónomos y contratados, productores, programadores, empresarios, orquestas han visto mermada su actividad laboral en un 100% y lo que es peor el gobierno no contempla ninguna solución ni ayudas paliativas como así lo ha previsto para otros sectores laborales.


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Desde el confinamiento, artistas de todo el mundo han inundado las redes de propuestas musicales y culturales, todas ellas gratuitas. Han transformado un producto cultural en un bien de consumo, en el mejor de los casos, y de entretenimiento de masas.

Vaya por delante nuestro reconocimiento a la generosidad de todos ellos y de todos los españoles en este momento trágico, pero no en todos los países se actúa de la misma manera ni los artistas se sienten tan desprotegidos.

En el mundo de la cultura es bien conocida la propuesta de la ministra de cultura alemana Monika Grütters. Ante el impacto del Covid19 en el sector cultural, gobierno alemán ha incluido una partida de 120.000 millones de euros para el sostenimiento del empleo mientras dura la pandemia y una línea de liquidez ilimitada a la que podrán acceder desde grandes teatros hasta pymes y profesionales afectados por la cuarentena cultural.


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No sabemos cuales serán las nuevas formas de relación tras este enclaustramiento, ni si los actos públicos volverán a ser iguales, ni si la música y el público se volverán a encontrar antes de septiembre. De momento algunas instituciones aragonesas han anunciado que derivarán todos los recursos a los sectores esenciales y la música, aquí, es un sector no esencial.

Si estas afirmaciones conllevan modificaciones del presupuesto y una reacción en cadena, en términos taurinos, será la puntilla final. Nuestros artistas no facturan, no venden, tienen gastos, pagos de IVA y su situación no está contemplada en ninguna medida urgente, y lo que es peor, previsiblemente será el último en incorporarse a la escena de la vida.

Mientras, seguiremos entreteniendo y convirtiendo nuestro trabajo en una actividad gratuita, en una cruda praxis cotidiana, en una actividad de masas online. Seguiremos escribiendo cartas al Ministro de Cultura, convirtiendo nuestras reivindicaciones en el leitmotiv de la hermana pobre de la cultura y esperando que nuestro público fiel nos aplauda en nuestro próximo acto final. Nunca la espada estuvo tan cerca de la pared; herida de muerte!.

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