Martes, 07 de Diciembre de 2021

La nadadora aragonesa Teresa Perales recibirá este viernes en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de los Deportes, un premio que se le sirve para romper otra barrera más, lo que lleva haciendo desde los 19 años, y que hace que sea la primera deportista con discapacidad en ser galardonada con esta distinción.

Una enfermedad neurológica hizo que Perales perdiese la sensibilidad desde la cintura hacia las piernas y que viese como su vida cambiaba radicalmente, pero lo afrontó con el valor, el arrojo, el carácter y, sobre todo, la alegría necesaria, personificada en una de sus señas de identidad, una casi ‘eterna’ sonrisa que le acompaña allí donde va.

Es complicado ver cabizbaja o sin su gran compañera, la sonrisa, a esta deportista, capaz de lograr un récord de 27 medallas paralímpicas en seis Juegos: Sydney 2000, Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012, Río 2016 y los últimos, los de Tokio del pasado verano, donde se hizo con una plata en los 50 espalda S5. En total, una menos que las que posee el icono de su deporte, el estadounidense Michael Phelps, un dato que le ha llevado a ser continuamente comparada con el de Baltimore, al que no renuncia a igualar o superar en París 2024.

Perales, como buena maña, Hija Predilecta de Zaragoza y pregonera el año pasado en las Fiestas del Pilar, nunca ha dado la espalda a nada, ni siquiera al último percance de salud que sufrió en los días finales en Tokio y del que aún no tiene diagnóstico, pero que no ha impedido que esté en el Teatro Campoamor.

Como muchas veces ha reconocido, ha sido una “guerrera”, muy polifacética igualmente ya que además de nadar, ha sido diputada en las Cortes Aragonesas, ha escrito un libro junto a su marido Mariano, ‘Mi vida en una silla de ruedas’, ha montado en un coche de rallys en la Baja España-Aragón, ha sido protagonista de cortos como ‘La teoría del espiralismo’, es diplomada en Fisioterapia por la Universidad de Zaragoza, y defendió con su eterna sonrisa el sueño olímpico y paralímpico de Madrid.

Llevo la silla de ruedas pegada al culo pero no a la cabeza“, ha recordado siempre, dejando claro que su discapacidad no le impedirá hacer las cosas que le gustan, como nadar y no parar de ganar medallas, producto de su carácter hipercompetitivo.

En Pekín 2008, igualó el récord de la atleta Purificación Santamarta de 16 metales paralímpicos y en Londres cuatro años después lo alejó hasta las 22, una cifra que aumentó hasta las 26 en Río de Janeiro, donde fue capaz de batirse con las jóvenes que no dejan de salir e incluso colgarse un oro en los 50 espalda de la clase S5. Casi un centenar de preseas en grandes competiciones internacionales lo atestiguan.

Allí, pasó por un momento de duda también tras no subir al podio en dos pruebas, entre ellas, una de sus favoritas, los 50 libres, algo poco habitual en su carrera paralímpica, pero se desquitó con la plata en los 200 estilos y tras “días difíciles”.

“Es la demostración de que lo tenía que seguir intentando, de que a veces hay baches que no esperas y solo pierdes cuando no lo intentas. Gané una batalla personal, el reponerme de esas dos derrotas y a que se te pase por la cabeza que algo no esté funcionando y de si eres capaz de subirte al podio de nuevo. Le he echado un par muy bien echados”, celebró aquel día. Fue capaz de ganar dos preseas más y su nombre sonó para esta Premio Princesa de Asturias de los Deportes. Ahora, en Tokio, querrá alargar aún más su enorme palmarés.

La aragonesa, amante de los zapatos de tacón y que fue capaz de entrar a su boda en la Basílica del Pilar caminando ayudada por unos bitutores, también tuvo tiempo de saborear la maternidad, después de la cita en la capital china. Ahora, todos sus éxitos son dedicados para su hijo Mariano, quizá el que más le ‘exige’ para conseguir medallas labradas con el esfuerzo

Estos éxitos y la relevancia que tuvieron hicieron que el Gobierno la concediese la Gran Cruz de la Real Orden del Mérito Deportivo, la única deportista discapacitada en tener una condecoración reservada para unos pocos. En junio, rompió otra barrera, la de un Premio Princesa de Asturias de los Deportes que provocará que una de las sonrisas más brillantes del deporte español ilumine el escenario elegido para entregar un galardón que premia a una de las más grandes figuras deportivas de España.

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