Lunes, 05 de Diciembre de 2022

Pocos zaragozanos saben que en el sótano del número 126-132 del Coso de Zaragoza se encuentran los Baños Judíos, el único resto que podría ser visitado de la antigua judería zaragozana. Pese a las múltiples promesas tanto de los partidos partidos como de las distintas corporaciones municipales, estos importantes restos todavía no han podido ser abiertos al público desde que el edificio que los aloja se construyó en los años 60 del siglo pasado.

El anterior alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, anunció en el año 2018 que el espacio museístico de los Baños Judíos podría ser inaugurado por fin en 2019, una vez que el Gobierno de Zaragoza aprobó los últimos trámites para el proyecto de recuperación, cuando se llegó a un acuerdo con la comunidad de propietarios del edificio que aloja los baños. Parecía que tras años de espera, las bóvedas de los baños podrían ver la luz y formar parte del patrimonio cultural y de la oferta turística de la ciudad. El proyecto de apertura de este espacio singular planteado por el equipo de gobierno de Zaragoza en Común incluía un espacio museístico en el local contiguo al de los baños, de propiedad municipal. Y desde este local, un ascensor debía permitir acceder al sótano en el que se conservan los baños.

Pese a ese compromiso, cuatro años después, los Baños Judíos siguen durmiendo el sueño de los justos sin que sea posible todavía su visita ni su explotación cultural y turística. Acabó la legislatura sin que el nuevo espacio expositivo pudiera ser una realidad. Y tras el parón provocado por las elecciones, el gobierno liderado por Partido Popular y Ciudadanos apostó por continuar con el proyecto para permitir mostrar el único vestigio de la judería zaragozana.

Baños Judíos de Zaragoza

Los Baños son el único resto sefardí de Zaragoza / Ayto. Zaragoza.

Pero los problemas que han impedido la apertura del espacio en las dos últimas décadas parece que se han convertido en una maldición que persigue a los Baños para evitar que puedan ser visitados por el público. En 2020 se licitó la redacción del proyecto museístico e incluso se reservó una partida para ejecutar el acceso y el acondicionamiento del espacio. Pero las obras previstas no comenzaron el año pasado, y en los presupuestos de 2022, ni siquiera hay una partida destinada a reabrir los restos.

Los motivos alegados por el Ayuntamiento de Zaragoza son las dificultades que se han encontrado a la hora de elaborar el proyecto técnico de adecuación, sobre todo, por la complejidad de los accesos y las dificultades para cumplir con las normativas de seguridad que debe cumplir un espacio como este. Y de momento, parece ser que zaragozanos y visitantes tendremos que seguir esperando para poder visitar los Baños.

ÚNICO VESTIGIO DE LA CULTURA SEFARDÍ DE ZARAGOZA

La Zaragoza medieval tenía una importante e influyente judería, cuya historia se remonta a la época musulmana. La aljama de la capital del Reino de Aragón estaba dentro de la ciudad, extendiéndose desde la calle Don Jaime hasta la Magdalena. El barrio judío quedaba separado del resto de la ciudad por un muro de ladrillo, atravesado por seis puertas que se cerraban por las noches, y durante la celebración de la Semana Santa.

Los baños judíos se situaban frente al Castillo de los Judíos, una fortaleza que se situaba en el solar que en la actualidad ocupa el Real Seminario de San Carlos, y que servía de sinagoga mayor, cárcel, hospital y carnicería. En lo que respecta a los baños, tan solo se conserva una pequeña parte del complejo medieval. Y de hecho, los baños ya se citan en varios documentos del siglo XIII.

Lamentablemente, hasta nuestros días tan solo ha llegado una sala rectangular abovedada con crucería sencilla y de talla mudéjar, organizada a modo de claustro con cuatro tramos en las galerías cortas y cinco en las largas, abovedada con crucería sencilla que apea en diez columnas de alabastro para separarlo del espacio central, rectangular y cubierto con una bóveda esquifada. Esta gran sala comunicaba con otra más pequeña, de dos tramos abovedados con crucería sencilla, eliminada al hacer el edificio que acoge los restos. Hay que tener en cuanta que al construir el inmueble en los años 60, el arquitecto apostó por mantener parte de los baños, trasladándolos piedra a piedra al sótano del edificio.

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