Viernes, 27 de Mayo de 2022

La afición dijo basta este pasado sábado en la previa del partido contra el Valladolid. La concentración tuvo más de 1.000 participantes, mucho más masiva que anteriores convocatorias, aunque el plato fuerte de las protestas llegaba en el minuto 32 de partido con una pañolada seguida por la totalidad del estadio zaragozano.

La pañolada fue un acto muy parecido a la ya histórica ‘agapitada’, que fue el comienzo del final de la era Agapito Iglesias en el Real Zaragoza, la más negra en toda la historia del equipo aragonés. La afición siempre tiene razón, no es casualidad que los más de 15.000 aficionados que se dieron cita en La Romareda mostrara su repulsa a la actual gestión de la SAD. No es este un artículo de opinión para darle ‘palos’ a la Fundación 2032, sino para intentar entender el hartazgo de unos seguidores que ven cómo el club de sus amores está cada vez más lejos de lo que un día fue.

 

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No debe ser plato de buen gusto estar en el palco y recibir esa sonora pañolada siendo presidente o accionista mayoritario, pero lo cierto es que todos los miembros de la junta directiva dejaron solo a Fernando Sainz de VarandaEl sobrino de César Alierta tuvo que presenciar en directo cómo toda la masa social pedía que se marcharan. Lo hizo solo, porque ningún colega de junta se dignó a aparecer en el estadio en la tarde del 22 de enero. Desconozco los motivos.

Mención aparte merece el lamentable acto de reconocimiento que se le organizó a Canario. Uno de los más grandes en la historia del club no se merecía una Romareda semi vacía el día que se reconocía públicamente su gran trayectoria. Fue una chapuza. Y van unas cuantas.

La Fundación Zaragoza 2032, presentada de la mano de Petón, tenía como uno de sus objetivos prioritarios devolver el Zaragoza a sus aficionados. Ese fue el primer error de la Fundación Zaragoza 2032, prometer algo que sabían que era imposible realizar. Tengo la fortuna de haber crecido en el zaragocismo puro, de la mano de mi abuelo y de mi padre. Me encantaría que mis hijos Martín y Gonzalo también disfrutaran de su Zaragoza como lo hizo su padre. Ojalá, nada me haría más ilusión que compartir pasión con lo que más quiero.

He vivido en casa una pasión difícil de entender. Todavía recuerdo el verano en el que Agapito Iglesias vendía su paquete accionarial a unos comisionistas que no tenían otro objetivo que el de ganar dinero a costa de un club prácticamente muerto. También recuerdo como mi padre, de la mano de su inseparable Sixto Genzor, estuvieron años y años destapando todas las oscuras maniobras de Agapito Iglesias en contra del Real Zaragoza. Sin esa gestión completamente altruista, todavía no nos habríamos enterado de las cacicadas que se realizaron en aquel momento, con el visto bueno de mucha gente poderosa de nuestra tierra.

He crecido con una réplica de la Copa del Rey en la vitrina del salón, la que conseguía el equipo en 1986 con mi padre en aquella junta directiva. Sé lo que es vivir el zaragocismo y por eso creo que no me equivoco si digo que el mayor error de la Fundación Zaragoza 2032 es tratar al club como una empresa sin tener en cuenta para nada a su gran masa social. Nadie duda de que en el terreno económico han sido unos excelentes gestores, pero se han olvidado del principal motivo por el que todavía sigue vivo el Real Zaragoza, su alma.

El alma del zaragocismo es la afición, la que este pasado sábado pidió a gritos otra gestión, un cambio de rumbo. Tengo muchísimo respeto por las personas que forman parte de la Fundación Zaragoza 2032. Yarza, Forcén, Iribarren o Alierta son unos excelentes empresarios, de lo mejor que ha dado Aragón. Pero creo que se han equivocado completamente en la gestión de una Sociedad Anónima Deportiva.

También han tenido mala fortuna, es algo obvio. Se ha rozado un par de temporadas el ascenso, pero también se ha estado (se está) coqueteando con el descenso de categoría. Se viven momentos muy delicados en el económico y por eso no termino de comprender por qué todavía no se han rodeado de gente que sabe de que va esto del negocio del fútbol.

Otro de los grandes errores que se cometió desde el principio fue no limpiar el club de arriba a abajo. No dejar ni rastro del ‘agapitismo’ era otra de las formas de crecer de la mano de la afición, algo que ni se hizo, ni parece que se tuviera ninguna intención de hacerlo.

Ander Herrera y otras personas muy bien relacionadas con el mundo del balompié les tendían la mano hace unos meses y obtuvieron un no como respuesta. Creo que la Fundación Zaragoza 2032 tendría que haberse abierto mucho más la sociedad, más si cabe, cuando tienes serios problemas económicos.

El Real Zaragoza no es un negocio, hace tiempo que dejó de serlo y es que Agapito Iglesias lo exprimió de tal forma, que ya no se pueden vender ni los trofeos. Me consta que se está intentando vender la SAD a un fondo de inversión internacional. Un movimiento que tenía que haber llegado hace varios años. Si tú no puedes mantenerlo, deja que otros lo hagan.

Zaragoza siempre merece más, por eso, creo que ha llegado el momento de agradecer los servicios prestados por la Fundación Zaragoza 2032, que ya salvó al club en su momento y puede volver a hacerlo. La afición del Real Zaragoza merece volver a ver a su equipo en la máxima categoría y para eso será necesario dejar el club es las mejores manos. Veremos qué ocurre.