Martes, 04 de Octubre de 2022

“La violencia es casi semanal”, explica un vecino de la calle Pignatelli, en el barrio de San Pablo de la ciudad de Zaragoza, donde la degradación y la delincuencia es permanente durante las últimas décadas. Su edificio lleva 10 años okupado en su totalidad y sin visos de que la situación cambie. El viernes pasado, por ser el último incidente, varias personas la emprendieron a golpes y machetazos. Dos hombres y dos mujeres fueron detenidos y a esta hora ya han sido puestos en libertad. 


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“La disputa empezaba a la una de la madrugada y terminaba cuándo llamamos a la Policía”, explica este mismo vecino que prefiere mantener su anonimato. Los agentes que intervinieron requisaron varias armas blancas que los implicados escondían en el piso que ocupaban, en Pignatelli, 43. 

Desde la Plataforma de Afectados del Gancho y Pignatelli, Javier Magen explica que llevan más de un año denunciando la situación de este bloque de viviendas. “El bloque es propiedad de una entidad bancaria. Es uno de los puntos de venta de drogas más importante de la zona y con numerosas reyertas entre sus moradores”, relata. Las constantes disputas entre ellos en plena calle y a horas intempestivas se ha convertido en un desagradable hábito para los vecinos, que relatan los hechos entre la apatía y la angustia por convivir con, como dicen, “una bomba de relojería”.

“Hemos reclamado su desokupación y tapiado, y su compra por parte del algún organismo público , pero parece ser que hay un piso particular y que no se da con los propietarios”, argumenta Magen. Esta situación, el hecho de que se pueda conseguir revertir la situación porque legalmente necesitan una firma de todos y cada uno de los propietarios de los pisos del bloque es el principal motivo de la dilatación en el tiempo, casi diez años, de este conflicto.


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UN EDIFICIO EN ESTADO DE RUINA

Ya sucedió en el número 36 de la calle Miguel de Ara, a escasos metros de la calle Pignatelli, en el mismo barrio de San Pablo.  A principios de abril, este edificio, ocupado desde hace años, y apuntalado por su estado de ruina, sufrió un incendio que acabó definitivamente con su derribo. “Aquí podría pasar lo mismo. El edificio por dentro se encuentra en total estado de ruina”, alerta Magen.

Como otros edificios ocupados de la misma calle, es el caso de los números 67 y 76 de Pignatelli, estos inquilinos han hecho empalmes de cableado con la red eléctrica de la calle para evitar pagar consumo de luz. “Ya se han producido apagones en la calle por culpa de este edificio”, añade el presidente de esta asociación vecinal.


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Otra Asociación de vecinos, Calles Dignas, lleva más de cinco años pidiendo el desalojo de este edificio que ya es un foco de insalubridad, delincuencia, y, desde hace unos meses, de peleas y algaradas con armas blancas. “Es la casa del terror; todos sabemos quiénes viven allí y a qué se dedican. Tememos que un día muera alguien y creemos que no es necesario llegar a este extremo. En verano, estas peleas crecen. Viven enfrentados unos con otros y van a volver a agredirse. Tiempo al tiempo”, asegura con contundencia otro vecino de esta calle del centro de Zaragoza.

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