Jueves, 08 de Diciembre de 2022

Belén Lorente ha seguido de cerca el caso de Saray, la niña de diez años que se tiró por la ventana después de que, presuntamente, hubiese sido víctima de acoso escolar por parte de otros niños en el colegio en el que estudiaba, el centro concertado Agustín Gericó. “Al final, la solución es marcharse del colegio; siempre se tienen que ir los que no tienen culpa de nada y han sido víctimas”, explicaba en un foro, en redes sociales, donde muchos comentaban la noticia. 


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Educación ya está estudiando el caso mientras los padres de Saray explican en los medios de comunicación los presuntos maltratos que sufría su hija y que podrían haber terminado con su vida. La niña se recupera en el hospital de las lesiones que le produjo la caída desde la ventana de su casa, en especial en su tobillo y cadera. Esta situación ha hecho que Belén, madre de Adrián Navarro Lorente, haya hablado con HOY ARAGÓN. “No tengo nada que esconder; si no dije nada en ese momento fue por mi hijo y porque así me lo recomendaron”, explica.

Adrián tenía entonces cinco años y estaba terminando el grado de infantil en el colegio Agustín Gericó. “Mi hijo me pidió en primero de Primaria que quería irse de ese colegio”, recuerda Belén. Le derivaron a atención temprana porque en el centro decían que tenía problemas de atención y de comportamiento. “Allí la psicóloga también me recomendó el cambio de colegio”, dice Belén.

Llevamos muchos años de psicólogos porque mi hijo perdió la autoestima; con tres años decía que era un niño malo”, recuerda Belén. “Mi hijo no tenía nada, y ellos insistían que tenía déficit”, añade la madre de Adrián, que considera que su hijo sufrió maltrato y acoso escolar.

“A MI HIJO LE TIRABAN BATIDOS POR LA CABEZA”

“Le tiraban batidos por la cabeza en los recreos. Le llamaban payaso. Un día que no quería comer en el comedor y le tiraron de los brazos dejándole marcas en la axilas”, recuerda con tristeza Belén. A esta madre le dijeron que lo iban a solucionar, pero, según explica, la solución fue cambiarle de centro.


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“Solo pido que cambien la manera de hacer las cosas”, insiste. Añade que al igual que Adrián, otros dos niños cambiaron de centro educativo durante esa época, hace seis años. Recordando a Saray y a su familia, Belén nos dice esto: “Que no tiren la toalla y que luchen por su hija; que hagan todo lo que tengan que hacer y no se dejen engañar. Yo estoy con ellos y pueden contar conmigo para lo que necesiten”.

Ahora Adrián estudia en el colegio público Julián Sanz Ibáñez. “No conocíamos a nadie allí. Ese fue el centro que nos adjudicaron”, relata Belén. Las notas de este joven de 11 años han ido a mejor y ahora, según su madre, es un niño más, feliz y superando poco a poco lo que vivió.

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