Viernes, 12 de Agosto de 2022

“Es esperanzador que Rusia se incorpore como nuestro socio estratégico, una decisión que facilita la estabilidad mundial”. Puedo imaginarme los corrillos de la cumbre de la OTAN celebrada en 2010 en Lisboa respirando aliviados tras redactar un documento estratégico que enterraba definitivamente la Guerra Fría, posicionando a Rusia como “socio y no como adversario” según palabras del entonces Presidente de Estados Unidos, Barack Obama.


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Mucho y muy rápido ha cambiado nuestro mundo en 12 años. Tanto como para que el estatus de Rusia en la última cumbre de la OTAN celebrada en Madrid hace un mes pase a definirse como “la más significativa y directa amenaza a la seguridad de los aliados y a la paz y estabilidad del área euroatlántica”, según se recoge literalmente en el nuevo concepto estratégico de la Alianza. Teniendo como principal razón de este cambio la invasión rusa de Ucrania y, como trasfondo, desde mi punto de vista, la alta dependencia energética de algunas de las principales economías mundiales de combustibles fósiles rusos para su correcto funcionamiento. Sirva como ejemplo que el pasado año la Unión Europea importó desde Rusia el 40% de su gas y el 25% de su petróleo. Unos datos que se aproximan o llegan al 100% en el caso de países como Lituania, Finlandia, Letonia, Hungría, Eslovaquia, Países Bajos o Grecia. No debe pasarse por alto que Europa está financiando a Rusia la guerra de Ucrania, una paradoja que encierra una realidad crudísima en vidas humanas y en ruina.

En el caso de España y según el último informe estadístico de Enagás, Rusia ha pasado a ser el segundo proveedor de gas natural, con un 24,4% del total de importaciones con un volumen de 8.752 GWh mensuales. Cuando lo normal es importar de este país una cuarta parte. Estados Unidos, principal socio de la OTAN y cuyo programa de inversiones en plantas de extracción y licuefacción de gas de esquisto procedente del fracking, pasó a convertirse de importador neto al mayor exportador de gas natural licuado del mundo. Es ahora el principal suministrador de gas natural a España. Utilizando buques metaneros, con casi un 30% del total de las importaciones de nuestro país.

Argelia cae dos puestos y con un 21,6% es el tercer país exportador de gas natural para España. Cifras que refrendan unas relaciones diplomáticas que han pasado de amistosas a enfrentadas en poco más de un año (con una serie de hechos concatenados y que comienzan con el caso Gali, siguen con la destitución de la ministra González Laya y terminan con la aceptación por parte de España de la propuesta de autonomía para el Sáhara Occidental propuesta por Marruecos). El resultado energético de este conflicto diplomático de –al menos- tres bandas dio como resultado el corte por parte de Argelia del gasoducto Magreb Europa en octubre de 2021, con efectos negativos inmediatos para España y todavía más para Marruecos.

En resumen, más allá de las cifras  y los entramados diplomáticos, que superan cualquier novela de De Carré; la realidad es que, recurriendo al refranero español, “a la fuerza ahorcan”. En España y en Europa seguimos comprando el gas y el petróleo a quien haga falta, cuando haga falta y con los recursos que hagan falta. Porque nuestra sociedad debe seguir funcionando y somos todavía ultra dependientes de las energías fósiles. Eso sí, la Unión Europea está dando pasos para combatir esta realidad que tiene un corto plazo demasiado corto, puesto que el invierno llega pronto -“Winter is coming”- y se imponen viejas recetas, ¡A gastar poco!

El medio y largo plazo, en el que casi todos coinciden al 100%, pasa por incentivar la autosuficiencia energética basada en tecnologías renovables (eólica, solar, hidráulica, biogás, almacenamiento, etc.) del que Aragón es un claro exponente nacional. A la vez que se aplican políticas de eficiencia energética que reduzcan los consumos y las emisiones de CO2.


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Antes he dicho casi todos con intención, puesto que desde muchos países europeos y en el marco de la Guerra de Ucrania, se está abriendo el debate de seguir el ejemplo de Estados Unidos e implantar el fracking para abastecer a Europa con su propio gas. Sin ir más lejos el Consejo Superior de Colegios de Ingenieros de Minas de España, en un comunicado del pasado marzo señaló que bajo nuestro suelo se encuentran unos 1.300 bcm –1,3 billones de metros cúbicos– de gas. Equivalentes a cerca de 40 años del consumo de España… La energía forma parte de nuestra vida… y en la vida no hay verdades absolutas.

Jesús María ‘Chuma’ Sahún es responsable comercial de Switching Consulting; Delegado en Aragón y La Rioja de la Asociación de Empresas de Eficiencia Energética A3E; Vocal del Clúster de la Energía de Aragón

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