Miércoles, 22 de Septiembre de 2021

El aragonés es una lengua que corre serio peligro de desaparición, como indica la UNESCO. Si queremos evitar su desaparición se ha de hacer algo porque no hacer nada también supone su muerte. La pérdida del aragonés es la pérdida de una parte de la cultura aragonesa como lo son la jota, el traje ansotano, el mudéjar, o los cuadros de Goya.

Nuestro Estatuto de Autonomía indica que las lenguas de Aragón constituyen “una de las manifestaciones más destacadas del patrimonio histórico y cultural aragonés”. Según un artículo publicado en este periódico por el diputado de Ciudadanos, Carlos Trullén, éste se olvida de citar el Artículo 7.2 que habla de elaborar una ley para promover, recuperar, enseñar y difundir las lenguas propias de Aragón. La ley actual en la que se está desarrollando la política lingüística es una ley aprobada por el PP y el PAR, unos partidos nada sospechosos de nacionalistas o pancatalanistas, esta ley contempla la creación de la Academia Aragonesa de la Lengua (AAL). El diputado naranja achaca a Lambán de entregar a CHA y al pancatalanismo la AAL, pero de los 15 miembros tan solo 1 es militante de la CHA y 5 de los miembros elegidos por las Cortes necesitaron del voto PP, por lo que la afirmación del diputado naranja es una opinión sin ninguna prueba firme.

Como se refiere el diputado Carlos Trullén, no hay que politizar las lenguas. Por ese mismo motivo, ¿por qué no hacemos cumplir el Artículo 7.2 del Estatuto de Aragón? o ¿por qué no se ejecuta una ley ya aprobada y que en estos 10 años no se ha reformado? ¿Por qué lo que es válido y defienden Ciudadanos y PP en Valencia o Galicia no lo es para Aragón?

Aragón es posiblemente el sitio de España y puede que de Europa con más lenguas: ansotano, cheso, aragüesino,  aisino, chaqués, serrables, panticuto, fobano, chistabino, belsetán, patués, grausino, foncés, somontanense y un largo de etcétera, una falacia defendida por algunos partidos para justificar que no existe el aragonés, de este modo lo que no existe no se puede proteger ni conservar. Todos nosotros podemos ver en Aragón TV como personas de Ansó y Aínsa pueden comunicarse perfectamente en aragonés a pesar de sus dialectos diferentes, del mismo modo que un vallisoletano se puede comunicar con un peruano porque a pesar de hablar diferentes dialectos hablan el mismo idioma.

Muchos aragoneses se sorprenderían al descubrir que hay varios centros educativos de Aragón en que la lengua vehicular es el catalán y el aragonés. También se sorprenderían al saber que miles de niños aragoneses reciben clases semanales en lengua aragonesa, algunos en horas lectivas y otros de manera extraescolar. Esto se ha logrado gracias a los propios padres que quieren que sus hijos aprendan en su lengua materna, que la hablen y la sientan.

Entonces, ¿dónde está la polémica o el nacionalismo en que los padres tengan la libertad de elección de la lengua que sean escolarizados sus hijos? Tal vez como dice el diputado Trullén deberíamos de dejar de politizar la lengua y oponerse a lo que quieren muchos pueblos aragoneses: que las administraciones dieran herramientas para la conservación de nuestras lenguas en las comarcas donde se hablan y que no se hiciera de nuestras lenguas propias un objetivo de división, sino un motivo de protección y orgullo.

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