Miércoles, 23 de Junio de 2021

Como tantas tardes de domingo, Manuel Giménez Abad acudía al estadio de La Romareda junto a su hijo Borja para ver al Real Zaragoza. Era una de esas tardes donde el tiempo acompaña a un zaragocismo necesitado de victoria para lograr la salvación. Dos disparos en la espalda y uno en la cabeza ensombrecieron a toda la ciudad.

Y un grito unánime de condena contra la barbarie terrorista y de apoyo a las víctimas se hizo paso en una plaza del Pilar donde más de 350.000 almas se sumían en el dolor, la rabia y la defensa de la democracia.

Han pasado más de 20 años y la España de entonces no es la que es ahora. Por suerte, no hay terrorismo. No hay más lágrimas cada semana de una extorsión, un secuestro o un asesinato de la banda terrorista ETA. La sociedad española convive en paz. Con cicatrices, sí. Pero en paz.

Y hay ejemplos de cicatrices que aún cuesta comprender cómo no se han cerrado. Qué ha fallado o qué se necesita para restituir tanto dolor. Han pasado 20 años desde el asesinato de Giménez Abad y aún no se tiene fecha para el juicio ni se conoce al asesino confeso del asesinato. Son 20 años confiando en la Justicia. 7.300 días en silencio esperando una sentencia.

Cada año cuando se recuerda el fatídico asesinato de Giménez Abad y se le rinde un homenaje por ser un político que le dio a la palabra el atributo más preciado, se pone aún más en valor la paciencia, la serenidad y el compromiso con la verdad de su familia. Con unas convicciones estoicas hacia el Estado de Derecho esperan a que (por fin) la Justicia decida sobre el asesinato de su padre tras tantos años.

Manuel y Borja, los hijos de Giménez Abad, han sufrido en silencio lo que pocos se imaginaran. Ellos son, después de tantos años esperando una sentencia, el testimonio de su padre y los guardianes de su memoria. Con su ejemplo muestran el talante que su padre mantuvo en vida: la dignidad, la nobleza y el saber estar.

Lo que su padre transmitió y siempre recalcan los que lo conocieron: La política como una actividad útil desde la palabra moderada que en tiempos de ruido y griterío se hacen más necesario que nunca. Porque la templanza no hace nunca a los principios más frágiles.

“El recuerdo de la sociedad debe servir de guía para alejarnos del fanatismo y de los radicalismos actuales”, decía Borja Giménez esta semana en un acto por la memoria de su padre. Una apreciación que debe retumbar en el pasado por lo aprendido, en el presente por lo vivido y en el futuro para no repetirlo.

El mejor antídoto para no olvidar lo que fue y siempre recordar es el ejemplo de Manuel y Borja. La tolerancia, la paciencia y la palabra que nunca han perdido a pesar de la eterna espera por que se imparta justicia.

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