Miércoles, 22 de Septiembre de 2021

Aragón vive su día grande, el día de su patrón San Jorge, en una pandemia inédita en nuestras vidas que nos mantiene prudentes y confinados perimetralmente por razones sanitarias. Aún así, en nuestra nueva normalidad fruto del desorden de un virus que no avisó, es el día de todos. Cada año se celebra el sentimiento de orgullo de una tierra que nunca ha reivindicado más de lo que merece.


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Que su historia se ha forjado en leyendas únicas, batallas cruentas y lealtades matrimoniales tan meritorias como cualquier otra que relaten en una película de HollywoodPorque no tiene que venir Spielberg para retratar lo que todos sentimos en el latir de nuestro corazón.

Quizá la duda sea reconocer qué es ser aragonés. Una búsqueda empírica más que teórica. El aragonés no se define por una lengua ni por una cultura única. Ni siquiera por una raza autóctona. Es tan inclusivo como el carácter que apadrina nuestro ser.

La identidad es definida por nuestros personajes ilustres. Los que con su hacer han pulido los éxitos de nuestra historia con tanto brío que decoran las enciclopedias con su legado. Francisco de Goya, Miguel Servet, Baltasar Gracián, el filósofo Avempace, Joaquín Costa, Fernando ‘El Católico’, Santiago Ramón y Cajal, Luis Buñuel, Agustina de Aragón, entre tantísimos otros.

La razón jurídica fundada en el valor del Derecho, la sensatez moral o el buen sentido por lo correcto conforman esa identidad. Sin olvidar el compromiso con la Historia de un territorio que no rehusó emprender su papel protagonista sin construir un sentimiento excluyente.

La Historia de Aragón es la contribución a la verdad ante los usos maniqueos de relatos falsos que construyen identidades nacionales huecas. La identidad política que emana del sentimiento aragonés se fundamenta en la mejor versión de la política: el pactismo con el diferente por el bien común. 

Hay múltiples ejemplos, desde el histórico Compromiso de Caspe a la constitución de un cuatripartito inusual en el Gobierno de Aragón. O el acuerdo de todas las fuerzas políticas -en uno de los parlamentos más plurales del país- con el objetivo de reconstruir la región después de la crisis sanitaria del coronavirus. Una tradición por el pacto que no es tan accesible en el resto del país.


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La identidad aragonesa es la virtud de un compromiso con la honradez. La lealtad más absoluta a nuestra identidad sea como cada uno quiera entenderla, con los matices que siempre dan contrastes en un mismo cuerpo.

No hay duda que el alma de un aragonés es el mejor ejemplo para España: la querencia por el pacto, el respeto extremo por la Ley, el carácter aperturista que abraza al ajeno y el buen juicio por lo correcto.

*Álvaro Sierra es Editor de HOY ARAGÓN

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