Martes, 27 de Septiembre de 2022

Una vez escuché, que la vida no venía con un manual de instrucciones sino que venía con una madre, me hizo gracia el comentario y la verdad es que le encontré todo el sentido del mundo.

¿Qué sería de todos nosotros sin nuestras madres? Pensemos por un momento en nuestra niñez, en nuestra juventud, en esos besos y abrazos, en esa sonrisa siempre tan tierna de nuestra madre, en sus consejos y su ayuda siempre incondicional. Y aunque también nos venga a la mente que a veces era la mala de la película, seguramente también ahora podremos comprender lo difícil que es regañar o castigar cuando amas.


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Una madre es aquella persona que te quiere, que te mima, que te escucha, que te protege, que te cuida, que te aconseja, que se esfuerza hasta el final, que todo lo sabe, guerrera y defensora, prudente y fiel, trabajadora, podría citar muchísimos adjetivos todos maravillosos sobre las madres. Una madre es aquella persona que te guía por la vida y te da alas para poder volar y vivir tu propia vida con esa mochila que has ido llenando de conocimientos y valores.

Cuando nos convertimos en madres, algo dentro de nosotras nos va transformando poco a poco. En cierto modo ese pequeño ser cambia nuestra forma de pensar y de ver el mundo, nuestros sentimientos, nuestras preocupaciones, prioridades, desarrollando en nosotras habilidades y cualidades que tal vez antes no nos habíamos planteado o descubierto. 

Cuando nos hacemos madres nos hacemos más valientes, aunque como paradoja nos surjan más temores y preocupaciones.

Nos hacemos más generosas dándonos incondicionalmente a nuestros hijos y pensando más en los demás. Aprendemos a compartir y rentabilizar todo lo que tenemos y hacemos. Compartimos nuestro tiempo, nuestro espacio, nuestras cosas con nuestros hijos y nuestra pareja. Somos capaces de realizar tres y cuatro cosas a la vez. 

Soñamos despiertas y dormidas con nuestros hijos y su futuro. Aprendemos a ser animadoras, médicos, psicólogas, chefs, chofers, entrenadoras, cuentacuentos…

Y muchos días, viendo en instagram fotos preciosas de familias o madres ideales, nos acostamos pensando que somos un desastre o que es imposible ser la madre perfecta. Pero es que nuestros hijos no quieren madres perfectas, quieren madres auténticas, madres que sepan disfrutar de la vida, madres alegres, divertidas, activas, cariñosas, valientes, positivas, madres que estén ahí de verdad con ellos.

En estas semanas he hablado con muchas madres, madres maravillosas que intentan llevar lo mejor posible el confinamiento de sus casas, atendiendo sus trabajos, las tareas domésticas y al mismo tiempo entreteniendo, animando y ayudando con los deberes.

Agobiadas, cansadas, encerradas, pero sacando fuerzas y sonrisas cada día, dando ejemplo a sus hijos, como verdaderas heroínas de sus hogares. Y todo esto gracias a la gran dosis de amor que se despierta como una hormona dentro de tu corazón, el mismo día que te enteras que vas a ser madre.

También estos días me viene a la mente mi madre y todas aquellas madres de edad avanzada que están estos días en sus casas, añorando a sus hijos y nietos. ¡Qué ganas de dar besos y abrazos! De juntarnos y disfrutar de un rato de esa maravillosa compañía. 


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Por eso, hoy primer domingo de mayo, será un día de la madre diferente, diferente al de otros años, sin la comida tradicional con las abuelas, pero con mucho más amor y mayor felicidad, a pesar de la distancia, porque como decía la empezar no venimos a este mundo con un manual, sino con una madre que nos enseña a amar y nos llena de amor.

Felicidades a todas las madres del mundo, a las biológicas y a las de acogida, a las madres que estos días están ayudando a este país bien porque son personal sanitario o de primera necesidad, a las madres que se quedan en casa con sus hijos, y felicidades a todas las abuelas por enséñanos a ser madres.

A todas os deseamos un feliz día de la madre.

*Cristina Gil Gil es autora del libro La profe responde y del blog Ideas para crear y disfrutar

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