Martes, 17 de Septiembre de 2019

En este primer artículo para HOY ARAGÓN, mi mente fluctúa entre lo academicista (error craso) y lo realista.

Pero ante todo, y espero que sea así en mi posterior desarrollo en este periódico digital, quiero referirme a los continuos olvidados, los fundamentales gestores de la naturaleza y los productores de nuestros alimentos; las personas que habitamos el medio rural, y desarrollan sus actividades propias: agricultura, ganadería, aprovechamiento forestal, caza, pesca, etc…

Esta semana se celebra en Zaragoza la 14ª Feria Internacional para la Producción Animal –FIGAN; convirtiendo a la capital aragonesa en el epicentro de la industria agroalimentaria nacional y europea.


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En este contexto, es necesario reflexionar sobre la estrecha relación existente entre la producción ganadera y la caza desde tiempos inmemoriales hasta la actualidad. Ya la actividad cinegética de los homo sapiens fue la precursora lógica de la domesticación y posterior desarrollo de la ganadería, como constatan las múltiples evidencias antropológicas al respecto: pinturas rupestres, yacimientos arqueológicos, etc…

Posteriormente, la historia de la veterinaria y de la zootecnia, tradicionalmente, han tendido a agrupar en compartimentos estancos los animales de producción (vacas, ovejas, cerdos, gallinas…) y la fauna silvestre (ciervos, corzos, jabalíes, perdices…).

Sin embargo desde principios del siglo XXI, esta estructura cognitiva está cambiando bajo el concepto reconocido globalmente por la Oficina Internacional de Epizootías-OIE u Organización Mundial de la Sanidad Animal; one health o “una salud”.

Las distancias filogenéticas asociadas a ancestros comunes (por ejemplo la relación evolutiva entre jabalí y cerdo), y sobre todo el uso compartido del mismo medio natural por especies ganaderas, silvestres y por el ser humano, hace necesario reflexionar sobre múltiples cuestiones como los sistemas de producción, la capacidad de carga animal del medio, las patologías compartidas, los manejos agrosilvopastorales,  las zoonosis o enfermedades transmitidas al ser humano, la bioseguridad, etc…

La comunidad internacional considera la prevención y el control de las enfermedades de los animales silvestres factores esenciales para resguardar la sanidad animal y la salud pública, así como la biodiversidad a nivel mundial, y resolver las cuestiones de la agricultura y el comercio ganadero asociado.

Dentro de las enfermedades compartidas en la interfaz ganadería-caza podemos destacar por su reciente popularidad, la peste porcina africana-PPA, la tuberculosis o la gripe aviar.

Para tratar de entender la trascendencia de este asunto, y la estrecha relación ganadería-caza, debemos ser conscientes, por ejemplo, de que la aparición de un caso de PPA en jabalí en la geografía española sería la ruina del sector porcino nacional por la imposibilidad de comercialización de animales vivos o sus productos (carnes, embutidos, dosis seminales, etc…) que colapsaría la cadena de producción porcina principalmente asociada al medio rural: explotaciones ganaderas, mataderos, salas de despiece, almacenes frigoríficos, fábricas de pienso, empresas de medicamentos, gabinetes veterinarios, centros gestores de residuos, etc…


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No se debe olvidar que el sector porcino supone el 1.4% del PIB nacional, con 300.000 puestos de trabajo directo y 1 millón asociado (estando Aragón a la cabeza de las comunidades autónomas productoras).

Por supuesto las administraciones europeas, nacionales y autonómicas han puesto manos a la obra, fomentando la colaboración entre los agentes implicados de la sanidad animal y actividad cinegética; reforzando la labor del cazador como centinela de enfermedades de la fauna en la naturaleza; minimizando el riesgo de que el cazador sea vector de la enfermedad implementando sistemas de limpieza y desinfección para ropa, medios de transporte, trofeos de caza…; trabajando de la mano de la Real Federación Española de Caza para establecer la prohibición de importación de jabalíes y concienciar al sector cinegético europeo de los riesgos de esta práctica; o formando a los cazadores en sanidad animal para que sirvan de herramienta de gestión ambiental como recientemente se ha implementado desde el Gobierno de Aragón en colaboración con la Federación Aragonesa de Caza, etc…


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Por otro lado, en la actualidad, se está forjando una nueva relación entre la ganadería y la caza; asociado a un frente común: el animalismo radical.

Este nuevo fundamentalismo del siglo XXI, donde la humanización de los animales es su credo; y que ataca directamente a cualquier aprovechamiento animal realizado por el ser humano, desde la demagogia y desde el desconocimiento.

Todo ello, sin tener cuenta las innumerables repercusiones económicas, medio ambientales, agrarias y sobre todo humanas que conllevarían la prohibición de aprovechamientos ganaderos o cinegéticos. Como ejemplo la reciente prohibición judicial de la caza en Castilla y León.

En conclusión, la ganadería y la actividad cinegética se encuentran más unidos que nunca, ante los nuevos retos y oportunidades que el presente y el futuro próximo les plantea; y por supuesto, la ciencia veterinaria no debe ni puede ser ajena a esta realidad.

*Nicolás Urbani es Veterinario y Asesor Técnico de la Real Federación Española de Caza.